21 de febrero de 2014 / 04:22 p.m.

Ocurre sin falta cada cuatro años, cuando los Juegos de Invierno aparecen en la programación diaria de la televisión en los países de Latinoamérica.

Durante dos semanas, se despierta la curiosidad por los deportes en el hielo y nieve. Con 32 competidores de siete países latinoamericanos en los Juegos de Sochi, cabe preguntarse: ¿Llegará el día que un país de la región pueda destacarse en serio? ¿Es utópico soñar en rasguñar una primera medalla?

La realidad es que la tendencia de presentaciones con resultados muy distantes, y a veces con un cariz simbólico y hasta aventurero, seguirá como constante.

Hasta ahora, el mejor desempeño en Sochi corresponde a la chilena Dominique Ohaco, quien quedó 13ra en el slopestyle de esquí libre. Y el mejor resultado histórico de un país latinoamericano fue el cuarto y quinto lugar de los equipos argentinos de cinco en bobsleigh en los segundos Juegos de Invierno en 1928, en St. Moritz, Suiza.

Esa fue la primera vez que Latinoamérica compitió en la justa, con representantes de Argentina y México.

"La pasión no se compra. Se desarrolla con el acto real de practicar el deporte", comentó a The Associated Press Mariano Rodríguez Giesso, el jefe de misión de la delegación argentina en Sochi.

"Tiene que surgir alguien que contagie la pasión, que la gente vea en la pantalla y se inspire para la práctica", añadió el dirigente.

Si fuera por elementos de geografía y clima, es decir montañas y nieve que se encuentran en Europa, Argentina y Chile son los dos países mejor posicionados para mostrarse en las competencias de esquí, pero sus infraestructuras son casi que inexistentes.

Eugenio Claro, un esquiador chileno de 20 años que debutó en su primera olimpiada de invierno, se sinceró al respecto:

"Tenemos un invierno parecido (a Europa) y tal vez con más nieve. Pero la temporada en Chile dura muy poco, si acaso tres meses, cuando en Europa toma siete meses. Si acaso tenemos cinco centros de esquí, que no son de fácil acceso para el chileno común. Todo hace esto que el deporte sea más caro para nosotros", resumió Claro. "Está la Patagonia, pero es una región despoblada, sin centros de esquí".

La tentación es que una inyección importante de dinero por vía de los gobiernos pueda cambiar el panorama, pero Claro opinó que no hay que fiarse de esa idea.

"No sólo se necesita ayuda económica, sino también una estructura completa... puedes tirar dinero a montones, pero de nada sirve sin la estructura".

No hay nieve en ningún otro lado de la región.

En otros países, como Perú y Venezuela, la presencia en los juegos se debe a iniciativas de individuos con el poder adquisitivo para financiar su sueño olímpico.

Tal fue el caso de Antonio Pardo, quien a sus 43 años se convirtió en el primer venezolano en competir en esquí alpino.

Para hacerlo realidad, Pardo fundó una federación y en agosto organizó un campeonato nacional. Como Venezuela no tiene estaciones de esquí, el torneo se montó en Bariloche, Argentina.

Perú dependió de Roberto Carcelén, un esquiador de fondo que llegó último en su prueba y que captó la atención cuando el ganador de la misma Dario Cologna le esperó en la meta casi media hora después.

También encontró a los hermanos Ornella y Manfred Oettl Reyes, que nacieron en Alemania y se entrenan en Austria. Hablan bien el español, pero con un marcado acento alemán.

"Los deportes de invierno son la oportunidad para que los peruanos que radican afuera puedan representarnos. Nosotros tratamos de facilitarles que puedan hacerlo ", dijo José Quiñones, el presidente del Comité Olímpico Peruano.

Repatriar a nacionales dispuestos a representar los colores parece ser la vía. Fue lo que hicieron en Paraguay con Julia Marino. Adoptada cuando era una bebé por una pareja estadounidense, la esquiadora de slopestyle volvió a Paraguay en noviembre pasado por primera vez en 20 años, siendo recibida con los brazos abiertos por las autoridades deportivas locales que facilitaron.

México, en tanto, sigue dependiendo de un pintoresco representante: Hubertus Von Hohenlohe, el príncipe alemán de 55 años que el sábado competirá en el slalom gigante para certificar su sexta participación en unos juegos.

Brasil tiene la mayor delegación latinoamericana, con 13 atletas. El total de 32 de la región es apenas el 1,1% de los competidores en Sochi.

La idea es que de alguna manera sirvan de ejemplo para estimular el interés.

En Argentina y Chile, donde existe una base propia con federaciones de esquí, confían en seguir mejorando.

"Este año teníamos a 12 atletas que lograron marcas para clasificarse y tuvimos que seleccionar a siete", dijo el argentino Rodríguez Giesso. "Vamos en un excelente camino, logrando que muchachos jóvenes se acerquen y permanezcan en del deporte".

Pero la chilena Noelle Barahona, quien con 23 años ya ha participado en el esquí alpino en tres juegos, clama por un respaldo sostenido.

"En Chile no nos dan un centímetro de interés durante cuatro años y se acuerdan cuando vienen los Juegos Olímpicos, seis meses, diciéndonos que ahora sí vamos a ayudarles", declaró la estudiante de matemática en la Universidad Católica de Santiago. "Vamos a Chile ahora y seguro no nos van a dar un peso en los próximo tres años. Tampoco hay que decir que todo es negativo. La federación nos ha dado apoyo y ojalá sigan haciéndolo, que esta vez sea distinto".

AP