20 de marzo de 2013 / 12:19 a.m.

Ciudad del Vaticano.- Los latinos tomaron la plaza de San Pedro. En el centro de la fe católica el idioma predominante fue esta vez el español. Cientos de banderas de países de América ondearon frente a la Basílica.

El espacio que generalmente es territorio de italianos fervientes, fue tomado desde las seis de la mañana por entusiastas envueltos en la bandera de Argentina para cubrirse del frío, que al parecer por condescendencia o cortesía, cedió la mañana de ayer en El Vaticano.

Eran las siete de la mañana y la Plaza de San Pedro ya estaba vestida de fiesta.Religiosas con hábitos de colores con rosarios en la mano. Estudiantes que echaban porras como si estuvieran a las afueras de un estadio competían en entusiasmo con mujeres de 80 años que aguantaron estoicas una ceremonia larga.

Lejos de la conglomeración de los fieles, en un área resguardada por vallas y cordones de seguridad instalados desde el pasado lunes, aguardaban los lugares especiales para los obispos, cardenales, sacerdotes y ministros de la iglesia anglicana, musulmana, judía y ortodoxa.

Frente a ellos se instalaron los otros lugares especiales, esta vez para los dirigentes de los países que jugaron sólo un papel de espectadores.

Cerca de las nueve de la mañana, los mandatarios fueron llegando a cuenta gotas. Acompañados de sus esposas o comitivas discretas, todas uniformadas de negro.El presidente de México Enrique Peña llegó acompañado de su esposa, dos de sus hijas y los secretarios de Hacienda y de Relaciones exteriores.

Enrique Peña saludó con familiaridad al presidente de Ecuador, Rafael Correa a quien entre un abrazo y otro presentó a su esposa Angélica Rivera, que fue correspondida con un apretón de mano cortés.

Las hijas del mandatario completamente vestidas de negro atendieron la misa completa justo detrás de sus padres desde donde lo mismo atendieron parte de la misa que tomaron algunas fotografías con su teléfono celular.

Después vino la liturgia, en una mezcla de idiomas que pasó por el latín y el griego, hasta el chino y el swahili.

La misa transcurrió entre cánticos de coros conformados por monaguillos, laicos y uno más de estudiantes del seminario que acompañaron la primera misa frente a la Plaza de San Pedro.

La procesión de los obispos con sus trajes bordados en oro, algunos incluso con coronas contrastó con el hábito austero que portó el Papa Francisco ya con el anillo del pescador en su mano, uno hecho de plata contrario a los hechos de oro de sus antecesores, en un gesto de lo que será su pontificado austero.

A lo lejos, en la azotea del brazo de Carlo Magno, un edificio a un costado derecho del atrio un hormigueo constante se notaba desde abajo. Cinco mil reporteros, camarógrafos y fotógrafos acreditados de todo el mundo intentaban pasar desapercibidos y al mismo tiempo obtener fotografías de casi cualquier instante.

A ratos las transmisiones de las noticias se mezclaban en varios idiomas y al final más de uno intercambió gafetes y fotografías pidiéndolas a señas o con una combinación de idiomas con los que trataban de darse a entender.

Al final de la misa, después de la euforia, la Plaza quedó vacía. Sólo un distraído con una bandera.

MIRIAM CASTILLO/ENVIADA ESPECIAL