16 de noviembre de 2013 / 02:21 p.m.

México.- Las favelas, las ciudades perdidas y las zonas rurales marginadas de muchos países de América Latina están promoviendo programas de lectura a través de los cuales se pretende que niños y jóvenes vulnerables se conviertan en ciudadanos más libres y comprometidos con sus comunidades.

"Pensamos que para hacer un trabajo realmente social en el que la lectura pudiese cambiar la vida de las personas de modo efectivo, deberíamos mirar por esas personas, aunque sea peligroso, más trabajoso", dijo la brasileña Denise Ramalho.

Doctora en Literatura por la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro, Ramalho trabaja cotidianamente en el barrio carioca de Laranjeiras y es una de las treinta expertas que participaron esta semana en Ciudad de México en el seminario "Palabras que zurcen. Lectura y escritura en la recomposición del tejido social".

"Cuando percibimos que lo que leemos pasa a ser parte de nosotros y nos permite reflexionar sobre el mundo y actuar, eso es toda la transformación que un ser humano puede esperar y tener. Entonces uno se convierte en actor. Eso es algo que la lectura nos da", señaló.

Investigadora desde 2007 de la cátedra de la Unesco de Lectura PUC.Río, Ramalho reconoció que en un contexto en que la escuela pública de su país está en crisis, "es muy importante dar voz a esos niños" en las mismas favelas.

"Lo más complicado es ganarse la confianza de las personas, porque, como están tan ciertos de que no valen nada, tienen mucha desconfianza", aseguró.

Sin embargo, cobra todo el sentido potenciar sus capacidades allí, particularmente para tratar de que no repitan "la vida de sus familias, que trabajan por bajos sueldos o inmersos en la violencia y la criminalidad".

"Una de nuestras acciones es que perciban que el conocimiento es de ellos, se apropien de él y se conviertan en promotores de cultura. Hacen vídeos, espectáculos teatrales para sus comunidades", libros artesanales y se los presentan a sus familias y a sus pares, añadió.

A su alcance, las opciones varían dependiendo de la edad. Con los más pequeños, hay gran aceptación hacia los libros de fantasía de autores como Ruth Rocha, Ana María Machado, Bartolomeu Campos de Queirós y de Lygia Bojunga, y con los mayores la apuesta es por los de aventuras y el cine, cuando hay películas sobre esas historias.

Para la argentina Ana Siro, experta en la enseñanza de la literatura dentro y fuera de las escuelas, la lectura "es esencial" como "componente de construcción simbólica de los sujetos" y permite "la inmersión en un mundo cultural que no es equitativo para todas las personas".

"Generar condiciones significa poner a disposición de estas poblaciones tanto los objetos culturales, sean libros o producciones multimediales, como mediadores que permitan que los niños y los jóvenes sientan el poder de la palabra propia que todos tenemos", apuntó.

La asesora literaria del canal Paka Paka, del ministerio de Educación de Argentina, destacó el valor que tiene que personas de grupos vulnerables tomen conciencia "de que todos tenemos palabra propia y subjetividad, y que es posible expandirla y hacerla crecer".

En opinión de Siro, "las producciones multimediales, hipertextuales, aunque no tengan conectividad, generan muchas ventajas", pues permiten acercar a zonas marginales discursos de extraordinaria riqueza.

"Un vídeo acerca la palabra de los grandes especialistas del mundo de la cultura de un país o del extranjero, a cualquier comunidad. Esa es una de las grandes ventajas en literatura del uso del multimedia y de audios", comentó.

Por último, el director de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), el mexicano Ricardo Cayuela, destacó que "no hay soluciones mágicas para el problema de la pobreza ni de la falta de cultura".

Sin embargo, "sí hay actos concretos que pueden ir consolidando un cambio de tendencia sin olvidar que hay zonas de extrema violencia o de extrema pobreza que no requieren lectura", sino "paz" o alimentos, señaló.

EFE