22 de marzo de 2013 / 11:16 p.m.

Monterrey.- Cerca de 220 lenguas se han extinguido en el curso de las últimas tres generaciones. La lengua eyak de Alaska se extinguió en 2008 con el fallecimiento de Marie Smith Jones. La lengua ubikh de Turquía se extinguió en 1992 tras la muerte de Tevfik Esenç. Aunque las lenguas nacen y mueren, su extinción nunca había experimentado la velocidad alcanzada en la actualidad.

La desaparición de lenguas se da dentro del movimiento hacia la uniformización cultural que ha traído consigo la globalización. Según el profesor Ladefoged, la razón de esta acelerada extinción se debe a que los medios de comunicación masiva las abandonan para quedarse con los idiomas más difundidos; pero ese no es el único factor, el olvido de estas lenguas también se deben a la economía, a las políticas de estado y a la enseñanza escolar.

Entre los idiomas desaparecidos recientemente, figuran:

El manés de la Isla de Man, que se extinguió en 1974 con la muerte de Ned Maddrell.

El aasax de Tanzania, extinguido en 1976. El ubyh de Turquía, que se extinguió en 1992 con la muerte de Tefvic Esenc.

El eyak de Alaska (Estados Unidos), que se extinguió en 2008 con la muerte de Marie Smith Jones.

Pero no todo es negativo, desde hace muchos años hay distintos emprendimientos para mantener vivas las lenguas nativas.

En 1983, los hawaianos re-introdujeron en sus escuelas el nativo aha punana leo que casi se había extinguido, en la actualidad entre 7 y 10 mil hawaianos hablan su lengua nativa; en Cronwall, Inglaterra, se trata de reavivar el cornish, lengua que se cree murió por 1777 y lo mismo está sucediendo con antiguas lenguas mayas en México.

 

Otras iniciativas pretenden revivir el galés, el navajo, el maorí y diversas lenguas nativas de Botswana.

Con cada lengua que muere, desaparece una cultura porque se pierden ricas fuentes de información sobre los pueblos. Para algunos, esta extinción es semejante a la extinción de especies. Cuantas más lenguas tenga el mundo, más diverso, rico y complejo seguirá siendo. Es una pelea contra la unificación de culturas y globalización.

Carmen Suárez