2 de septiembre de 2013 / 01:20 p.m.

Bruselas  • Atrapados a miles de kilómetros de su país, nueve marinos chinos viven desde hace medio año en un barco en el puerto belga de Amberes, donde permanecen bloqueados a causa de los problemas financieros de la empresa propietaria del navío.

El capitán y ocho compañeros son los últimos de una tripulación de 25 hombres que comenzó en marzo el viaje a bordo del Ladybug, que es propiedad de la firma Taiwan Maritime Transportation.

Poco a poco 16 de los tripulantes han podido regresar a su país. Uno de ellos ha sido padre y aún no conocía a su hija, otro viajó de regreso debido al delicado estado de salud de su padre.

Algunos llevan 14 meses embarcados a la espera de que se resuelva el entuerto, y atados por elcontrato que firmaron, pues en sus manos se encuentra el cargamento que porta el buque: 7 mil 600 vehículos de fabricación china así como coches europeos de segunda mano, con valor total de 17 millones de euros.

Los trabajadores permanecen a la espera de que se resuelvan las negociaciones entre los sindicatos, los bancos taiwaneses que financiaban el proyecto, el puerto de Amberes y la naviera.

Mientras tanto, el caso ha despertado la solidaridad de los belgas, canalizada a través de la asociación Movimiento Nacional Realista de la ciudad de Beveren, dedicada a proteger los monumentos de la Primera y Segunda Guerra Mundial, y que excepcionalmente organizó una colecta para reunir alimentos para la tripulación.

“Mucha gente de distintos municipios dio un paso al frente para ayudar” a los marineros chinos, dijo el presidente de esta asociación, Alain Heyrman.

La Embajada de China en Bélgica visitó a la tripulación y se ocupó de desmentir que estuviera en una situación desesperada después de que el asunto saliera en la prensa.

En concreto, la diplomacia china se queja de que la combinación entre “las barreras del lenguaje y la cobertura selectiva de los medios locales” diera pie a un retrato exagerado de los problemas de los marineros.

Las autoridades portuarias se han involucrado en el caso, ocupándose de la situación “desde que llegaron al puerto” y consiguiendo, entre otras cosas, “el pago de las últimas nóminas de los tripulantes”, explicó el capitán jefe del Apostolado del Mar de Amberes, Jos Vanhoof.

Vanhoof trata directamente con la tripulación porque el Apostolado dispone de un centro para todos los marineros que llegan al puerto de Amberes en donde “pueden conectarse a internet, hablar con su familia por Skype, leer la prensa o tomarse una cerveza”.

Según Vanhoof, el próximo paso para Ladybug será “cambiar de ubicación dentro del puerto, atracar en un muelle y descargar la carga”, lo que facilitará que el resto de los marineros pueda ser repatriado.

 — EFE