17 de mayo de 2013 / 02:18 p.m.

Fernando González es originario de Michoacán y está en el Reclusorio Oriente del Distrito Federal por homicidio. Su condena es superior a las dos décadas y desde hace seis años da clases de primaria y secundaria a los internos. En dicho centro hay poco más de 10 maestros.

La entrada al penal lleva a un pasillo con presos que visten de color beige y que este día no tuvieron visita. La mayoría llevan tatuajes o realiza ejercicio; otros se alquilan para buscar a algún interno.

Frente a la cancha de futbol de esta zona se abre la reja al centro escolar. En la biblioteca espera Fernando, quien sabe que ese 15 de mayo no habría festejo ni regalos de sus 60 alumnos. Hoy el promedio de estudiantes en el reclusorio es de 2 mil 470 al año.

""Algunas veces me siento triste, porque estoy en reclusión; sin embargo, transmitir mis conocimientos a personas que quieren aprender es muy satisfactorio. A veces me encuentro aquí a personas que me han dado las gracias porque terminaron su primaria o secundaria"", expresó a MILENIO.

En este penal se certifican hasta 300 alumnos cada año. Si bien la cifra no es alta, para las autoridades es significativa, debido a que no todos los internos tuvieron la oportunidad de estudiar afuera.

Aquí se imparten cursos de alfabetización, pero también primaria, secundaria y preparatoria, además de las licenciaturas en derecho y creación literaria y una maestría.

""Llevo seis años impartiendo asesorías y hay muchas anécdotas. Es una satisfacción cuando un alumno me encuentra y me da las gracias por haber terminado la primaria, la secundaria y que tiene ganas de continuar estudiando"", contó.

En otra aula los reos acusados de robo, homicidio y otros delitos escuchan a Moisés Hernández, quien imparte clases de economía y computación tres veces por semana.

Este maestro afirmó que por no saber controlar sus emociones estará aquí 11 años. Sin embargo, trata de aprovechar el tiempo en el Centro de Estudios, donde pasa hasta 12 horas al día.

""Los regaño y muchas veces los escucho. Es otra parte que el asesor hace: escucharlos cuando tienen problemas o quieren expresar sus inquietudes. Ver la forma en que hablan es muy interesante, sobre todo notar cuando tienen mucho interés en la clase, pues cambian su forma de ser"", mencionó.

El centro educativo cuenta con un aula digital y cursos de Excel, Word y Windows. Las 28 computadoras que se utilizan fueron donación de la delegación Iztapalapa.

Pero también pueden estudiar idiomas como inglés, italiano y ruso, y lenguas como otomí y tzetzal.

""Para mí el mejor regalo es que salgan adelante pese a que estemos en hacinamiento y sean difíciles las condiciones en que vivimos. Ser maestro implica un pago que no implica dinero"", dijo.

— SILVIA ARELLANO