6 de junio de 2013 / 01:03 p.m.

México • Hace unos días, Margaret Leng Tan había dicho: “"Me gusta que en mis conciertos la gente se olvide del mundo de afuera, de sus preocupaciones y disfrute la belleza de la música y el instrumento durante un par de horas, con la esperanza de que salga con una sonrisa"”.

Los deseos de quien ha hecho del piano de juguete un instrumento en toda la extensión de la palabra se cumplieron cabalmente la noche del martes en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, al presentar el programa 27 del Foro Internacional de Música Nueva Manuel Enríquez. Al final la gente salía sonriente, silbando los acordes de “"Eleanor Rigby"”, que no tenían tanta relación con la versión de Leng Tan en su piano de juguete, pero que sí denotaba la felicidad por presenciar un concierto en el que privó el aspecto lúdico del arte sonoro.

Algo en la sonrisa de la pianista remite a John Cage, su mentor, y esa calidez de hacer de la música un asunto serio, sí, pero también divertido, provocador y disparador de la imaginación. En el escenario: un gran piano de concierto, dos pianos de juguete —uno vertical y otro de cola—, un xilófono y un pandero, campanas y silbatos, flautas y cajitas de música, una cajita con un muñeco de sorpresa, bocinas de bicicleta y otros juguetes. Al centro, la figura menuda y sonriente de la artista nacida en Singapur.

Varios compositores han escrito obras para ella, como la Toy Symphony, escrita por Jorge Torres Sáenz. El estreno de esta lúdica sinfonía fue saludada con gran alegría del autor, sobre todo al saber que Leng Tan la presentará próximamente en Nueva York.

Sonidos evocadores y tintes futuristas convivieron para crear una atmósfera donde lo sombrío contrastó con los momentos luminosos e incluso jocosos. Sin perder sus cualidades con las que fueron creados, en manos de Margaret Leng Tan los juguetes tomaron nueva vida y nos hicieron olvidar las peripecias que ocurren en el mundanal ruido.

XAVIER QUIRARTE