CORTESÍA LA AFICIÓN
1 de noviembre de 2016 / 09:59 p.m.

Era el día de los Cachorros, no hay duda, porque todos los espíritus se olvidaron de acecharlos y se enfocaron en el rival. No quisieron que los Indios se coronaran en seis juegos y solo trabajaron para hacerles vivir una noche de pesadilla que ha llevado a siete juegos esta Serie Mundial. Todo lo que le había pasado a la novena de Chicago en los juegos anteriores quedó como horribles capítulos de una película de terror y se perdieron en el olvido, porque ahora les tocó padecerlos a los fans de Cleveland.

Y una de las claves para que eso sucediera fue el sacudir un poco el line up que se vio notablemente beneficiado por el regreso de Kyle Schwarber. El bateador designado fue acomodado como segundo en el orden, lo que movió a Kris Bryant de tercero, Anthony Rizzo de cuarto y Ben Zobrist de quinto, y este grupo en la parte gruesa del orden al bat produjo lo que no habían podido hacer en toda la serie: 10 hits, ocho anotadas y tres producidas.

Obviamente el bat con más dinamita fue el de Adisson Russell, quien acabó la noche con seis carreras producidas, en una noche donde además de él, Bryant y Rizzo se volaron la barda.

Ese movimiento cambió las cosas a ofensiva, se convirtió en un revulsivo, en un impulso que le ha cambiado las cosas a la Serie Mundial, siendo también ayudados por lo que Cleveland les dejó hacer.

Los Indios, a pesar de haber perdido el Juego 5, volvieron a casa con el momento de su lado. Tenían todo el apoyo y la tranquilidad de que los Cachorros se tenían que jugar todo y ellos no tenían tanta presión. Pero de inmediato les dieron el momento del encuentro a los visitantes cuando de forma inexplicable sus dos jardineros (Tyler Naquin y Lonnie Chisenhall) no se pusieron de acuerdo y dejaron que un elevado para el tercer out picara para convertirse en un doblete de dos carreras. Así, el abridor Josh Tomlin y todo el equipo fue golpeado sicológicamente, porque de tener un tercer out para tener la entrada, ya caían 3-0 en el primer inning.

Lo anterior fue también el mejor respaldo que podía tener Jake Arrieta, quien subió a la lomita ganando, la mejor forma de ponerse a trabajar y de hacerlo con calma, dejándole a los Indios toda la presión. Esta situación creció exponencialmente cuando Addison Russell pegó el jonrón con casa llena con el que en la tercera tanda la pizarra ya era de 7-0. Nadie es capaz de levantarse de algo así, ni por más trucos que intentara hacer, ni por más limpias que se quisiera hacer.

Ahora a los Indios les queda olvidarse de lo que pasó e irse con todo esta noche. Ellos son los locales, han tenido un mejor bateo en esta serie y cuentan con sus dos mejores brazos de relevo (Andrew Miller y Cody Allen) descansados porque ayer descansaron. ¿Movimientos en el line up? No parecen necesarios porque así les ha funcionado.

Los Cachorros van a echar ya toda la carne al asador para enfrentar por tercera ocasión al as de la rotación de Cleveland, Corey Kluber, quien con cuatro días de descanso va a hacer la hombrada. Aunque son un equipo de la Liga Nacional y, en teoría saben jugar mejor bajo ese estilo, están más que felices por tener de regreso a su bateador designado, quien les cambió la cara.

Por los Cachorros abrirá Kyle Hendricks y parece que están disponibles el resto de los brazos, a excepción del abridor de ayer. Es posible que Aroldis Chapman aparezca si se necesita luego de acumular 20 pitcheos.

Es un juego siete el que se tendrá este jueves y todo se puede ver, desde que abra Hendricks y cierre John Lackey como que veamos a Jon Lester otra vez, mientras del otro lado todos están disponibles.