ASSOCIATED PRESS
28 de septiembre de 2016 / 06:46 p.m.

Consternados jugadores y empleados de los Marlins de Miami escoltaron el miércoles una carroza fúnebre que trasladó los restos del pitcher José Fernández desde el estadio del equipo hasta su velorio.

El dueño de los Marlins, Jeffrey Loria, el manager Don Mattingly, el coach de bateo Barry Bonds y los jugadores del equipo, incluyendo su estrella Giancarlo Stanton, vistieron camisetas blancas con la imagen de Fernández y las letras "RIP" (Descansa en Paz) mientras caminaban lentamente alrededor de la carroza que salía del Marlins Park en el barrio Pequeña Habana de Miami.

Muchos en la multitud de unas mil personas coreaban "¡José, José!", y algunos ondeaban banderas cubanas en honor del popular lanzador cubano.

José Portuondo, un fanático de 55 años, dijo que Fernández fue un ejemplo para los cubanos que arriesgan la vida en balsas para llegar a Estados Unidos. El pitcher huyó de Cuba a los 15 años.

"Su historia es la misma de mucho en el sur de la Florida. Es muy familiar", dijo Portuondo, quien trabaja como chofer de trolebús. "La tristeza permea el ambiente", agregó.

Cientos de fanáticos acudieron a la iglesia católoca St. Brendan para un velorio que iba a durar hasta entrada la noche. Muchos dijeron que no solo vinieron debido a la fama de Fernández como pelotero, sino también por ser considerado como una figura heroica para la comunidad cubana en Estados Unidos.

Dentro de la iglesia, los dolientes pasaban frente a un ataúd enmarcado con un arreglo floral en forma de las banderas de Estados Unidos y Cuba, con una enorme foto de Fernández colocada a un lado. Muchos tocaban levemente el féretro y se hacían la señal de la cruz.

La misa del funeral será el jueves a puerta cerrada para los familiares y miembros del equipo.

Por su parte, el senador Marco Rubio pidió una investigación sobre la seguridad del rompeolas donde chocó el bote en el que viajaban el pelotero de 24 años y dos amigos, que también fallecieron en el accidente.

Rubio, senador por Florida, envió una carta a la Guardia Costanera y al Cuerpo de Ingenieros del Ejército para solicitar que se evalúe el rompeolas, instalado hace un siglo, y si representa un peligro para las embarcaciones. El rompeolas, que se extiende desde el puerto de Miami, es difícil de ver de noche, especialmente con la marea alta, dijo Rubio.

"Lamentamos las numerosas muertes en el mar cada año y podemos hacer más para salvar a otros", escribió Rubio. "Como navegante que soy, he experimentado lo difícil que es navegar alrededor de este rompeolas".

Poco después que el bote de Fernández chocó el domingo por la madrugada, la Guardia Costera dijo que una boya iluminada que marca la entrada del canal al final del rompeolas funcionaba adecuadamente. El rompeolas no tiene luces, pero las autoridades han dicho que varias evaluaciones determinaron que las medidas de seguridad actuales son adecuadas.

De vuelta en el estadio, los Marlins tenían que disputar un juego la noche del miércoles ante los Mets de Nueva York. El manager de los Mets Terry Collins y varios jugadores del equipo estuvieron en la plaza para la procesión.

"Era importante estar ahí", dijo Collins. "Esta es una gran fraternidad, y es una fraternidad exclusiva".

Mattingly mencionó que iba hablar con sus jugadores para enfocarse en el béisbol: "Nunca había estado en algo semejante. Solo pienso en su madre. Duele pensar en eso. Es duro imaginarlo", indicó.

La Comisión de Pesca y Vida Salvaje de la Florida investiga el accidente. Además de Fernández, fallecieron Emilio Jesús Macías, de 27 años, y Eduardo Rivero, de 25.

Un bar y restaurante ubicado a orillas del río de Miami confirmó que Fernández estuvo allí antes del choque, pero no se sabe si consumió alcohol.

El lanzador nacido en Cuba huyó de la isla a los 15 años y se convirtió en una estrella de Grandes Ligas, y en el jugador más popular de los Marlins. En 2013 ganó el premio al Novato del Año de la Liga Nacional, y fue elegido en dos ocasiones al Juego de Estrella.