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27 de julio de 2015 / 11:48 p.m.

Ben Roethlisberger no discutió con las expectativas de Todd Haley.

Treinta puntos.

Esa es la cifra que el siempre agresivo coordinador ofensivo de los Steelers de Pittsburgh cree que su unidad puede promediar en 2015.

Es un territorio ambicioso para una franquicia que tiene más de 80 años de existencia y que solo se ha acercado a tales alturas una vez: cuando los inmortales Terry Bradshaw, Franco Harris, Lynn Swann y John Stallworth lideraron la NFL en puntos en camino a su cuarto anillo de Super Bowl en la temporada de 1979.

Incluso cuando Roethlisberger frecuentemente se esfuerza para reducir las expectativas luego de que él, el running back Le'Veon Bell y el wide receiver Antonio Brown rescribieron los récords ofensivos del equipo en una espectacular campaña de 2014, en esta ocasión encaró el desafío.

"Creemos que podemos ser tan buenos como queramos", dijo Roethlisberger.

Si los Steelers quieren repetir como campeones del Norte de la AFC y estar a la altura de equipos como Nueva Inglaterra y Denver, necesitarán que su ofensiva lo sea.

Mientras la defensiva de Pittsburgh se acerca al final de un cambio de identidad provocada por la transición generacional, la identidad de la franquicia y su incuestionable fortaleza yace en un quarterback en el mejor momento de su carrera y dos de las nuevas estrellas de la liga en las figuras del versátil Bell y el dinámico Brown.

"Obviamente estaremos en la mira de varios equipos, equipos que intenten detener a AB (Brown), y que intenten detener a Le'Veon", dijo el quarterback. "Pero queremos ser los mejores y seguiremos luchando por serlos".

Los Steelers están tan unidos como nunca antes. A Pittsburgh volvieron los 11 titulares y todos los coaches de un grupo que terminó segundo en la liga en yardas y séptimo en puntos. Roethlisberger y Haley han desarrollado una relación amigable que incluye mucha interacción e intercambio de opiniones.

Ahora en su cuarta campaña en el puesto, Haley ha desarrollado un ataque flexible, que puede hacerlo de todo, desde alinearse con dos tight ends y un fullback e ir de frente de manera descarada, o colocar cinco wide receivers — incluyendo a Bell — y dejar que hagan lo suyo.

"Cuando el coach te deja divertirte, te deja opinar, es divertido participar", dijo Roethlisberger.

Y difícil de detener.