ap - multimedios digital
12 de agosto de 2015 / 10:38 a.m.

Tiger Woods sabe que está en medio de una dura transición, pero prefiere no prestar atención a las estadísticas relacionadas con este proceso. Y esos números son terribles.

Su lugar en el ranking mundial es el número 278. Sin contar a algunos de los pasados campeones e invitados, ese puesto de Woods es el peor de todos los participantes en el PGA Championship salvo dos, Nick Taylor y Darren Clarke.

Woods no ha ganado un solo torneo en dos años y sólo se ha colado entre los primeros 10 sitios durante un certamen en la Gira de la PGA en ese periodo.

Su racha sin victorias en majors suma 23 torneos desde el US Open de 2008. Y sólo una vez en los últimos seis años ha llegado a la ronda final a tres golpes o menos de la punta —hace dos años, en Murfield, donde cerró con una tarjeta de 74, para quedar a cinco impactos del triunfador.

Ésta es la nueva realidad de Woods en los majors. Sus expectativas son más bajas que nunca.

No se habla mucho de la posibilidad de que Woods conquiste el PGA Championship. Él mismo señaló que trata de dar más pasos hacia la recuperación de su nivel.

"Sólo trato de mejorar", dijo Woods después de jugar nueve hoyos con Davis Love III. "Trato de llegar al punto en que pueda ganar torneos y en que mi juego esté organizado de tal modo que pueda ser constante en eventos donde pueda darme una oportunidad de ganar... Eso es lo que he hecho durante buena parte de mi carrera, y me gustaría llegar otra vez al punto en que pueda hacerlo".

Pese a los objetivos modestos, Woods sigue siendo una estrella.

Atrajo a un buen número de espectadores para una ronda matutina de práctica en el campo Whistling Straits, e hizo un alto para firmar autógrafos cuando se dirigía al siguiente tiro de salida, algo inusitado en él. Cientos de fanáticos se congregaron ante la escalinata del centro de prensa cuando vieron que Woods llegaba. Todos llevaban banderas con la intención de que el golfista estampara en éstas su autógrafo.

Woods, quien cumple 40 años a finales de este año, dejó claro en el Memorial que seguirá durante mucho tiempo en el golf, pese a que en ese torneo registró el peor marcador de su vida en una ronda, con 85 golpes.

Ya antes había hecho cambios en su swing. Pero la modificación más reciente ha llegado en momentos en que Woods lidia con lo que él mismo llama "una tormenta perfecta", pues el ajuste siguió a una cirugía de espalda y a un proceso de recuperación que le costó la mitad de la temporada de 2014.

Steve Stricker jugó con Woods dos días en The Greenbrier Classic. Woods empató entonces en el 32do puesto y tuvo un acumulado de 273 golpes, el peor que ha registrado tras 72 hoyos desde su último título.

"Está pasando momentos difíciles", dijo Stricker. "Parece que está enderezando las cosas. Luce más fuerte y saludable. He hablado con él y se siente mejor. Y aquí lo importante es recuperar ese nivel de confianza, esa idea de lo que quiere hacer con su swing. A partir de eso, la confianza puede volver... Espero que él la recupere".

Pero por ahora, Woods está en un major donde nadie espera que gane.