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23 de febrero de 2016 / 10:07 a.m.

Los Warriors son el equipo que más rápido ha alcanzado las 50 victorias durante una campaña en la historia de la NBA.

Suena como un gran logro, pero los jugadores lo desestimaron. Afirman que tienen otros objetivos en esta campaña.

Liderados por 36 puntos de Stephen Curry, los Warriors se colocaron en una foja de 50-5, al vencer el lunes 102-92 a los Hawks de Atlanta, luego de dilapidar una ventaja de 23 puntos.

Los Warriors eclipsaron la marca establecida en 1995-96 por los Bulls de Chicago, que necesitaron de un partido adicional para llegar a los 50 triunfos. Por supuesto, ese es el equipo que Golden State persigue, acercándose al récord de 72-10 fijado por Michael Jordan y compañía en el apogeo de su dinastía de seis títulos en ocho años.

"Cincuenta triunfos son muy buenos", afirmó Curry. "Pero vamos a seguir esforzándonos. Necesitamos seguir mostrando hambre, porque nadie quiere hablar de eso en junio".

Curry y los vigentes campeones de la NBA parecían encaminados a una paliza sobre los Hawks. Estaban arriba 70-47 al promediar el tercer cuarto.

Pero Atlanta cerró ese periodo con una arremetida 28-6 y se adelantó en el marcador por un breve momento al iniciar el último cuarto, entusiasmando a la afición.

Los Warriors no se inmutaron y montaron una reacción que acabó propinándole a los Hawks su cuarto revés seguido como locales.

"Me gustó nuestra respuesta", destacó el entrenador de los Warriors, Steve Kerr. "Ellos estaban encendidos en su casa. Todo estaba en contra nuestra, pero conservamos nuestra actitud y nos despegamos en la recta final. Fue una victoria verdaderamente buena".

Klay Thompson agregó 27 puntos para los Warriors. Tanto Thompson como Curry colaron cinco triples. Draymond Green estuvo apagado al ataque, con escasos seis puntos, pero recuperó 14 rebotes y nueve asistencias.

El dominicano Al Horford lideró a los Hawks con 23 puntos.

Curry dio una clase magistral en el primer tiempo, en la que hizo ver mal al armador de los Hawks Jeff Teague.

Quizás la mejor secuencia fue cuando Curry encestó un triple desde el rincón, un disparo con una elevada parábola. Acto seguido, y luego de posar frente a la banca de Golden State, corrió raudo al otro extremo para recibir una falta ofensiva de Teague, quien no podía darle crédito a lo que veía.