1 de noviembre de 2013 / 01:31 p.m.

Para decenas de indígenas mayas en la villa de Pomuch, en la península mexicana de Yucatán, los últimos días de octubre están dedicados a la limpieza de las osamentas de sus seres queridos que han muerto.

  Los mexicanos celebran a los muertos el 1 y 2 de noviembre con comidas, canciones y rezos, tanto en las casas como en los cementerios.

Pero Pomuch y un puñado de otras comunidades mayas que se encuentran en la región deCamino Real Alto de Yucatán son posiblemente los únicos en el país, y tal vez del mundo, donde la gente limpia las osamentas.

El jueves, Graciela Miranda Chi quitaba parches de cabello suelto y polvoso del cráneo de su abuelo. Sacudió la arenilla negra con una brocha para pintar antes de volver a colocar el cabello y regresar los restos a una caja de madera.

Los mayas que hoy habitan en el Camino Real Alto en un primer momento afrontan la muerte de manera similar a otras culturas occidentales, y entierran a sus muertos en ataúdes.

Pero después de tres o cuatro años, desentierran los restos, secan al sol los huesos, que ya para entonces están separados, y los limpian con un paño suave o pequeños pinceles.

Aunque nadie sabe con exactitud cuándo comenzó la costumbre, se cree que se remonta a la época prehispánica.

El empleado del cementerio Bonifacio Tun Tuz cobra el equivalente a un dólar y medio por limpiar los huesos para las familias que no tienen tiempo y para reemplazar los pañuelos bordados que se utilizan para envolver cada conjunto de restos.

Tun Tuz dijo que el precio es para “poner los pañuelos en las pequeñas cajas y limpiar los huesos y poner todo de nuevo como debe ser”.

Durante los días que preceden a la celebración de los muertos, y durante las semanas que le siguen, los familiares ponen flores y velas encendidas delante de las cajas, que se dejan a la vista.

 AP