1 de marzo de 2013 / 10:27 p.m.

El trovador celebrará 35 años de carrera con un concierto en el Teatro de la Ciudad de México el próximo 9 de marzo.

 

México • Guitarra en mano, al frente de Los Leones de la Sierra de Xichú y con músicos invitados, Guillermo Velázquez celebrará el 9 de marzo en el Teatro de la Ciudad, 35 años de trovar sobre su entorno social. Al trovador, dice en entrevista, “"le corresponde dar testimonio del tiempo que le toca vivir, le corresponde involucrarse con la gente a la que pertenece como artista, como poeta"”.

Al frente de Los Leones de Xichú, don Guillermo celebrará su vitalidad en el género del huapango arribeño a través de más de 30 discos y más de un centenar de canciones. La función del arte que cultiva, advierte, es “involucrarse para condensar en su canto tanto lo que hace dichosa a la gente en la vida a la que pertenece, como lo que le duele. El trovador tiene que expresar los anhelos, la memoria, los sueños, la indignación, toda la gama de emociones que comparte con la gente a la que pertenece. Tiene que ser capaz de enfrentarse al poder que lastima.

¿Cómo fue su primer contacto con la música?

Recuerdo el ambiente: tres músicos –dos violinistas y un guitarrero– en un tronco de mezquite cantándoles parabienes a los novios, las ollas hirviendo con comida, la gente sentada en las mesas comiendo el caldo, los niños yendo y viniendo... Ese fue mi primer encuentro.

¿Y cuándo le picó el gusanito de la música?

Fue a los 16 años, en un ajuste de novios, es decir cuando las familias se reúnen para formalizar un matrimonio. Vi plantarse en un patio tres hombres: un guitarrero y dos violinistas. El guitarrero empezó a cantar sobre el Génesis, Adán y Eva y el Paraíso terrenal, porque era el motivo del evento. Me impactó profundamente lo que cantaba y lo que se tocaba para acompañar la poesía. A partir de ahí, cada vez que había oportunidad yo estaba donde estaba esa música: oyendo, absorbiendo, no sabía ni que tocaban sones, jarabes, valonas, ni que había décimas. Yo sólo oía, pero la vida me iba a llevar por otros caminos

¿Qué caminos?

A los 13 años un párroco me preguntó si quería entrar el seminario. Como en ese tiempo un niño que terminaba el sexto año no tenía horizontes y sólo podía uno dedicarse a labrar la tierra, entré al seminario. Estuve cinco años en un seminario en Querétaro en los tiempos en que literalmente era una cárcel. Por ejemplo, un cura que era prefecto me cachó leyendo debajo de las sábanas Los bandidos de Río Frío de Manuel Payno, me lo arrebató y lo rompió delante de todos. Luego estudié en otro seminario en Nuevo México, pero al final se impuso mi vocación de artista y en esa encrucijada se me reveló el destino. Toda esa secuela de aprendizaje de oídas afloró en mí y empecé a aprender de los poetas y los músicos campesinos, algunos que ni habían estudiado la primaria, pero eran cultos.

¿Qué distingue al son arribeño, que usted cultiva, de otros sones?

Lo distingue el arte mayor de la poesía. En un grupo de músicos de son arribeño es imprescindible el trovador, que también se le llama guitarrero y cantador. Los trovadores, dependiendo de la fiesta en que estemos, cantamos de lo que se trate. Ya sean bodas de oro, cumpleaños, la fiesta de la Santa Cruz, el levantamiento del Niño Dios, debemos tener repertorio o inspiración para improvisar sobre todos esos temas.

¿Cuál ha sido la tocada más extraña?

Han sido muchas. Por ejemplo, un día estábamos en una boda, la gente bailando, los novios brindando y, de repente, a un familiar de uno de los contrayentes se le murió un niño. Ahí pasamos de la fiesta al quebranto: después de estar tocando para el baile, tuvimos que ir a consolar a la familia del niño. Por eso yo me defino como un juglar de fiesta y quebranto.

¿Qué vamos a escuchar en el Teatro de la Ciudad?

Vamos a abordar temas que tengan que ver con el México florido, el México entrañable que sigue fulgurando a pesar de los pesares, pero también vamos a trovar sobre el México que nos duele, el México que actualmente pasa por un periodo en el que hay demasiada sinrazón, impunidad y violencia. El mensaje que quiero dejar está sintetizado en los versos de una canción que se llama “"Tetracanto"”: “"Porque el canto ilumina lo más oscuro y criba la semilla para el futuro/ México no se rinde ni se acobarda”".

XAVIER QUIRARTE