4 de junio de 2013 / 02:19 p.m.

México • En 2008, un jurado integrado por 100 personas del mundo editorial español le otorgó a Yuri Herrera (Actopan, Hidalgo, 1970) el Premio “"Otras Voces, otros ámbitos"” a la mejor novela en castellano por su título Trabajos del reino, aparecido en aquel país bajo el sello de Periférica, si bien ya había recorrido un camino en México dentro del catálogo del Fondo Editorial Tierra Adentro.

Al año siguiente publicó su segunda novela, Señales que precederán al fin del mundo, que lo convirtió en una realidad, aun cuando entre los lectores mexicanos su batalla sea un tanto más lenta: una lucha que sigue ahora con la aparición de La transmigración de los cuerpos (Periférica, 2013), bajo el convencimiento de que la literatura suele funcionar en unos plazos distintos a los de otro tipo de expresiones culturales.

“"La lectura gana lectores poco a poco y aun cuando sí hay libros que ganan lectores rápidamente son unos cuantos casos, en realidad hay muchos buenos libros que se toman su tiempo, que se deben sazonar dentro del mundo de los lectores. Tuve la fortuna de empezar a publicar tarde, a los 34 años de edad, porque eso me ayudó a tener una relación con el oficio y con el medio que es muy sana: no escribir en función del éxito o de un reconocimiento muy rápido."”

Yuri Herrera lleva muchos años sin una residencia permanente en México: salió para trabajar cuando tenía alrededor de 30 años, ya con una formación académica y algunos textos literarios, una lejanía que de alguna manera define sus perspectivas, preocupaciones por la lengua y prioridades políticas.

Sin embargo, no deja de tener largas temporadas cada año en México, por lo que los temas que más ocupan su literatura son los cotidianos de la vida mexicana, con una perspectiva diferente, “"porque tengo claro que no son exclusivos de nosotros"”.

“"Sucede con el narcotráfico, la política, los distintos tipos de violencia. Al estar hablando de México también estoy hablando de ciertos fenómenos que no son privativos de México. Tengo buenos amigos en distintos lugares de México que escriben, pero no paso mucho tiempo dentro del mundillo literario, que tiene sus cosas buenas y también las malas, donde también se puede perder mucho tiempo: me gusta tomar distancia y cuando uno sale se pierden ciertas cosas de la vida cotidiana, pero aprende a ver otras con ojos nuevos."”

En La transmigración de los cuerpos, Herrera aborda muy de cerca y, al mismo tiempo, de lejos, lo que acontece a la sociedad: una epidemia paraliza el país, pero propicia el encuentro entre una mujer deseada, La Tres Veces Rubia, y un hombre que desea, El Alfaqueque; una historia de redención, familia, sexo y muerte.

“"No puedes mirar ciertas cosas y simplemente opinar de manera fría sobre ellas, creo que una opinión legítima sobre muchos temas tiene que incluir a las emociones. A veces se les trata como una especie de enemigo del conocimiento, pero la emoción es una forma de conocimiento también. Si estás viendo que algo sucede y te indigna, no solo es una forma de conocimiento legítima, sino que en ese momento la única forma de conocimiento posible."”

Una trama en la que el trabajo lingüístico resulta fundamental; el estilo no es un ornamento, no es superficial, explica Yuri Herrera, pues cuando se habla de la forma como si fuera meramente un adorno “"es que no se entiende que es en la forma donde se definen las posibilidades de lo que vas a decir"”.

“"A final de cuentas, la forma implica una manera personal de encarar los problemas, una toma de posición moral frente a lo que estás mirando"”, concluye el escritor, que en la actualidad imparte clases en la Universidad de Tulane, en Nueva Orleans.

JESÚS ALEJO SANTIAGO