4 de julio de 2013 / 03:39 p.m.

Ciudad de México • La única verdad es la mentira, condensa Sara Sefchovich tras documentar e indagar en el Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la UNAM, durante 15 años, el fenómeno que, según la Real Academia de la Lengua Española, consiste en la “expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa”: la mentira.

"Hemos establecido un método de funcionamiento en la sociedad, un acuerdo donde todos sabemos que mentimos, que nos mienten y de cualquier modo jugamos a creer. Todos, desde el más pequeño niño, hasta el más encumbrado ser, mentimos en este país, es parte esencial de nuestra cultura", indicó Sefchovich.

Esa expresión "se practica cotidianamente en nuestras casas, al dejar que se tire el agua sin llamar al plomero, pero al mismo tiempo, nos pronunciamos públicamente a favor de la importancia del medio ambiente y de su cuidado", ejemplificó.

La académica del IIS explicó por qué es un fenómeno cultural: "México es un país que por las razones propias de su historia, de la forma de colonización y de conquista, por su relación con el mundo, desarrolló dos elementos clave en su cultura: uno es la mentira, y el otro, la corrupción".

Sara Sefchovich mencionó algunos ejemplos de lo que denomina "el piso para la mentira: no definir, no evaluar, improvisar, apostar al azar y no reconocer errores", entre otros.

Asimismo, como indica en su libro País de mentiras, enumera en infinitivo algunas de las mil y una formas de mentir: "prometer, alardear, descalificar, hablar demasiado, dar versiones diferentes, no llamar a las cosas por su nombre, usar doble discurso, diluir la responsabilidad y darle nuevos nombres a lo viejo", entre otras.

Incuantificable, subjetiva, casi incomprobable, la mentira como tópico de estudio, fue la que la descubrió a ella, hace poco más de 15 años.

"El tema me llamó a mí y no yo a él, en el momento en que empecé a escribir en un diario de circulación nacional y, por alguna razón, me llamó la atención que nunca coincidían los datos con lo que sucedía en la realidad. Por ello empecé a indagar y, sin darme cuenta, se armó este trabajo".

Lo que ocurre es que en nuestra cultura las miradas de la realidad pasan por el filtro que las embellece (o al menos que suaviza su dureza), y tergiversa, oculta o silencia aquello que no nos gusta, acotó. “Día con día, y sobre cualquier tipo de asunto, encontramos ejemplos de declaraciones que pretenden decir la verdad, y quien las emite pretende que se le crea, pero resultan falsas si se les pone a prueba”.

Finalmente, expresó que el revulsivo contra este fenómeno llegará en el momento que la sociedad se harte de la mentira, "tendrá que suceder, pero tendrá que empezar por nosotros mismos, aunque por ahora no veo la menor posibilidad, pues todos estamos cómodos en ese juego y no parece que alguien lo quiera cambiar".

REDACCIÓN