16 de agosto de 2013 / 05:47 p.m.

Con mención honorífica la estudiante sordomuda Alina Morones Mendoza se tituló como ingeniera en geofísica en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), informó esta casa de estudios.

La joven obtuvo su título con el trabajo "Interpretación petrofísica en pozos de un campo de la región marina", sin haber escuchado una palabra. De recién nacida tuvo una infección intrahospitalaria y perdió la audición. Hoy, se siente feliz y orgullosa por concluir sus estudios profesionales.

En un comunicado, Elva Margarita Mendoza, madre de Alina, relató que ella padece hipoacusia, una incapacidad total o parcial para escuchar sonidos en uno o ambos oídos; puede ser leve, moderada, grave o profunda. A ella la afectó esta última, la más severa, la que llamamos sordera.

Luego de detectar el problema, su familia buscó ayuda hasta encontrar la más conveniente, Rosa Noriega, la maestra que se encargó de oralizar a la niña hasta que cursó el sexto año de primaria. Debido a ello, la joven no utiliza lenguaje de señas; ella lee los labios y habla, dentro de sus posibilidades.

Hasta la secundaria sus estudios fueron un "largo peregrinar", por eso al llegar al bachillerato "no quise que ingresara a la prepa, la obligué a entrar a una escuela técnica, donde cursó tres años que para ella fueron perdidos, siempre me lo ha dicho".

Al concluir ese periodo la determinación de Alina por continuar su camino hasta alcanzar la instrucción profesional no se había modificado, así que le anunció a su madre que estudiaría la prepa y lo hizo con excelencia en un plantel del gobierno del Distrito Federal.

El siguiente reto fue entrar a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Esta madre de familia recibió la noticia de que Alina quería estudiar ingeniería geofísica.

Por no poder hablar, las áreas de Literatura y de Humanidades se le dificultan; por el contrario las matemáticas y la física se le facilitan y la apasionan, así que pensó en esta última opción. Una de sus hermanas que es ingeniera petrolera, la otra es química, le habló de la ingeniería geofísica y se decidió por esta área.

Con cierto temor se enfrentó al reto. En el trayecto tuvo muchas dificultades, una de las mayores fue que los profesores hablaran mientras daban la espalda a los alumnos para escribir en el pizarrón. Como siempre, como ahora, tuvo el apoyo de sus amigos y compañeros de clase, quienes le ayudaron a llenar esos "huecos" y a hacer sus tareas.

De ese modo, como reconoce su director de tesis, Héctor Ricardo Castrejón Pineda, Alina Fernanda, hoy de 28 años, se convirtió en una de las mejores alumnas de su grupo.

Redacción