17 de enero de 2013 / 03:10 p.m.

Monterrey • La ciencia se comparte y reparte con Sergio de Régules, quien se mete a fondo en temas y cuestiones que obedecen a esos planos en que resulta apremiante abrir la caja de Pandora y volar con cuanto se establezca en términos de leyes que rigen el comportamiento y desarrollo del ser humano en La mamá de Kepler (Ediciones B, 2012).

Desde los postulados de Newton, Galileo, Kepler desde luego, Copérnico y Kant, guiados por el maestro de ceremonias en temas científicos que no exasperan, sino que obedece a las causas del lector curioso se encuentran en los ensayos que se reúnen en un volumen, desde donde se aprecian a aplicados e incógnitos en “Recuerdos radiactivos”; a los que apelan al sentido del humor, con “Bufones y científicos”, hasta los que consumaron por mucho sus teorías experimentales como “Viajeros”, bañándose incluso en las aguas del pasado con “Kepler contra Marte”, una historia escabrosa en torno a su vida, obra y progenitora. De este libro nos platica el escritor y divulgador científico.

¿De dónde nació La mamá de Kepler?

Los escribí a lo largo de algunos años, para distintas publicaciones: mi blog y otros medios. En todos trato de mostrar la ciencia en toda su gloriosa complejidad y humanidad, sin sobresimplificar el proceso de la ciencia ni glorificarlo desproporcionadamente.

En mayo de 2011 me invitaron a Colombia a dar una conferencia y un curso sobre la ciencia y la divulgación en la Universidad Nacional. Mis anfitriones me llevaron a la presentación de un libro en la Feria del Libro de Bogotá. Ahí conocí a Alfonso Carvajal, editor de Ediciones B Colombia. Alfonso me preguntó: “¿Tienes algo publicable?” y le dije que sí. A los pocos meses le envié el manuscrito con los artículos seleccionados, corregidos y actualizados y el libro se publicó en Colombia en diciembre de 2011.

La verdad es que pensé que nunca saldría en México, pero por pura casualidad, en una reunión de representantes de las distintas casas de Ediciones B, la representante de México se interesó en mi libro y lo propuso para publicarse aquí. Después de una revisadita del texto por no dejar, La mamá de Kepler salió en versión mexicana, con una portada más bonita.

¿Qué nos ha faltado para darle el reconocimiento a la ciencia tanto que nos ha dado en diversos planos?

En México la ciencia es poco apreciada por varias razones, pero la principal es la pésima educación científica que se imparte en la mayoría de las escuelas. La ciencia se enseña mal y así, ni el público ni los políticos que podrían dirigir recursos a la ciencia saben cómo funciona ni para qué sirve, e incluso tienen ideas falsas acerca de su valor y sus métodos. Otra razón es que a esta sociedad no le gusta el pensamiento crítico indispensable para hacer ciencia: las personas religiosas y las personas poderosas (y corruptas) desconfían del pensamiento crítico, que puede poner en entredicho las creencias de unos y el poder de otros, y como en este país hay mucho de ambas… Y que conste que no estoy diciendo que los científicos sean igual de críticos y preclaros 24 horas al día. No lo son, como creo que se muestra en La mamá de Kepler.

¿Qué piensas de la relación literatura y ciencia, como lo han hecho autores como tú, por ejemplo?

Distingamos: una cosa es la cultura científica presentada de manera literaria y otra es el parecido entre el hacer literatura y el hacer ciencia. Muchas novelas son como experimentos. El autor se pregunta: “¿Qué pasaría si…?” y lo responde a lo largo de la obra (por ejemplo, ¿qué pasaría si toda la población de una ciudad se quedara ciega? Respuesta: Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago. Hay parecidos interesantes entre la construcción de una obra artística y la de una teoría científica: en ambos casos hay que generar mucha información, luego seleccionarla y construir con ella una estructura coherente (así construí La mamá de Kepler, precisamente).

¿Cómo trabajaste desde el nivel científico y desde el nivel del lenguaje?

Tal vez no sepa ciencia (o puede que sí), pero el lector es tan inteligente como yo o más. Mi intención es compartir mi gusto por la ciencia con ese lector inteligente, así que naturalmente adopto el tono de una conversación, no el de una clase. Como dice mi amiga y colega Ana María Sánchez, la ciencia se comparte, no se imparte.

ISRAEL MORALES