19 de junio de 2013 / 01:09 p.m.

México • Al escuchar el saxofón alto de Art Pepper (1925-1982), de quien el también saxofonista Frank Morgan dijo: "Su forma de tocar es jubilosa, grandiosa", uno no podría pensar que su vida fue un compendio de sufrimiento, degradación y miseria. El músico que muchas veces tocó fondo dio cuenta de su atormentada existencia en Una vida ejemplar. Memorias de Art Pepper (Global Rhythm, 2011), que escribió en 1979 con la ayuda de su esposa Laurie Pepper y los testimonios de quienes estuvieron cerca de él.

Drogadicto, obseso sexual y alcohólico, proclive a las relaciones destructivas, violento y racista, ladrón y hasta voyeur, difícilmente podría pensarse que de su instrumento brotaran tales cascadas de belleza (baste escuchar su conmovedora versión de “Everything Happens to Me”, que pareciera haber sido escrita para él). Había momentos en los que después de una actuación gloriosa se sumía en la depresión y bebía de manera compulsiva porque “los demonios personales me atormentaban —escribió—, y solo me dejaban en paz cuando había bebido lo suficiente para perder el conocimiento”.

Su inicio en la heroína fue una tabla de salvación en medio del océano. Así describe el efecto de su primer viaje: "Me miré en el espejo, y mi aspecto era el de un ángel. Me miré las pupilas, y vi que eran dos puntitos minúsculos, diminutos. Aquello era como contemplar un universo de alegría, de felicidad, de paz interior". Pero el ángel fue expulsado del paraíso y, en una época en la que los adictos, especialmente jazzistas, eran perseguidos por la policía y castigados severamente, Pepper fue encarcelado varias ocasiones. Sufrió el síndrome de la abstinencia y sintió que su vida se iba por el caño: "Tendría que decirle adiós para siempre a la felicidad y a la belleza".

Una vida ejemplar pareciera una novela negra, con pasajes sexuales que espantarán a los mojigatos, pero es la experiencia cruda de un músico que vivió en las tinieblas. También habla de su vida musical con las orquestas de Stan Kenton y Buddy Rich, así como con sus propios grupos, y los tropiezos que sufría cuando iba sobre ruedas. Al final lo que queda claro es que nada logró acabar con el sonido de Art Pepper, a quien el saxofonista Don Menza describe como un músico "hipersensible (…) Basta escucharlo tocar una balada o una bonita canción lírica. Para tocar de esa manera hay que ser de una madera especial". Para disfrutar más lectura, se recomienda la caja de 10 discos Kind of Pepper (House of Jazz), disponible en Gandhi a un precio superaccesible.

XAVIER QUIRARTE