7 de junio de 2013 / 12:55 p.m.

México• Con dicción clara y serena, Mario Lavista afirma: “Estoy convencido de que la música es una de las grandes depositarias de la memoria de la humanidad. Si nosotros queremos conocer profundamente las emociones y los sentimientos del hombre, tenemos que oír la música que ha hecho; ahí está la esencia misma de lo que es el hombre”.

Habla el compositor, maestro y propulsor de la música de todas las épocas, impulsor del arte sonoro como manifestación de su tiempo —y de otros tiempos— que celebra siete décadas de vida (nació el 3 de abril de 1943). “La música siempre habla de lo mismo; si no, no podríamos estar escuchando todavía a Bach. ¿Qué tiene que ver la época de Bach con la de nosotros? Nada. ¿Qué tiene que ver la moda de Bach con la de nosotros? Nada. ¡No vamos a usar peluca, porque es bastante ridículo! ¿De qué nos habla Bach, nos habla de su época? No, de ésta nos hablan la historia, la geografía; él nos habla de lo que nos une a todos nosotros; si no, no lo podríamos seguir escuchando. Igual Mozart, Monteverdi, Chopin, quienes no nos hablan de sus emociones sino de las de todos nosotros”, dice a MILENIO.

El autor de obras como Tres danzas seculares, Aura, Responsorio in memóriam Rodolfo Halffter y Páramos de Rulfo, celebró ayer con una conversación con sus amigos y compositores Ana Lara y Jorge Torres Sáenz en la Sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes. Luego asistió al concierto de Cameristas de México, ensamble dirigido por Luis Humberto Ramos, que tocó su Suite de Gargantúa, además de obras de Eduardo Angulo y Armando Luna en el Foro Internacional de Música Nueva.

Ante tantas malas noticias que se escuchan por todas partes, ¿qué alivio puede procurar la música?

Yo siempre he considerado que la música no es solo una disciplina artística que sirve para entretener, lo cual no está mal, pero también sirve para tener un mejor conocimiento del hombre y del mundo. De alguna manera le da sentido a este mundo. En esos momentos en que tenemos noticias horrorosas al abrir un periódico tenemos que voltear más no solo hacia la música, sino hacia todas las disciplinas artísticas.

Alguna vez reyes, presidentes, religiosos, funcionarios, además de los políticos, impulsaban el arte e incluso lo practicaban. Ahora la mayoría parecen iletrados. ¿Qué ha pasado?

Vivimos una época en la que, en términos generales, hay una enorme incultura en la vida pública. Toma en cuenta una institución como la Iglesia, por ejemplo, que en otros tiempos era una especie de transmisora del conocimiento y del saber. A esa institución se le debe la tradición de la música occidental; en su seno se inventa la polifonía, por ejemplo. Ahora vemos una Iglesia totalmente impresentable. Hace muchos años sacó de sus recintos sagrados el canto gregoriano y permitió que se tocara una música insulsa, chabacana, barata, que no tiene que ver con la religiosidad.

Y se ha involucrado en actos escandalosos.

La Iglesia se ha convertido en una institución que ha protegido y encubierto a una serie de pederastas, como pasó con el cardenal de México y todos esos obispos. ¡Se ha dedicado a proteger a pederastas y no ha ayudado a los niños, cuando éstos son una demostración ante Dios de que los ángeles existen!

¿Cómo considera el ambiente para la música de concierto en México?

A pesar de toda esta falta de cultura de las instituciones públicas, sigo pensando que, en el caso específico de México, el Estado continúa haciéndose cargo de la cultura. Pensemos que, en un momento dado, el Estado mexicano abandonara el mecenazgo artístico que siempre ha ejercido, que todo quedara a merced de un mercado. Lo que sucedería mañana es que no habría una sola orquesta, ni una sola escuela, tampoco habría profesores de música. Yo soy maestro hace más de 40 años, y pertenezco al Instituto Nacional de Bellas Artes y no a una institución privada.

¿Y la iniciativa privada?

La iniciativa privada participa muy poco en el quehacer musical mexicano. Empieza a intervenir un poco más y ahí tienes, por ejemplo, a la Orquesta Sinfónica de Minería y algunos otros proyectos. En realidad sería una catástrofe que el Estado —y en esto incluyo a la Universidad Nacional Autónoma de México— abandonara su labor de mecenazgo.

Además de creador, ha sido un impulsor de la música de nuestro tiempo. ¿Cómo observa el panorama de los compositores?

Los compositores tenemos la fortuna, desde hace ya muchísimos años, de tener en México a toda una serie de músicos e intérpretes de primerísima calidad. Hay solistas y grupos de cámara espléndidos, que finalmente son contemporáneos de su música. En consecuencia, creo que la interpretación de la música contemporánea se lleva a cabo con una enorme calidad. Y, por otra parte, existe en México una verdadera escuela de composición, desde principios del siglo XX: Castro, Ponce, Chávez, Revueltas, en fin, y todos han ejercido la docencia. Y ahora ves cómo las nuevas generaciones, como Gabriela Ortiz, Ana Lara, Armando Luna y otros, se dedican también a la enseñanza y están formando gente muy bien preparada. Hay compositores de enorme calidad y espléndido oficio.

XAVIER QUIRARTE