22 de diciembre de 2014 / 03:46 p.m.

Cuatro trabajadores del imponente Estadio Omnilife sacan de una oficina y suben a un carrito de golf dos grandes sillones rojos, los transportan por pasillos del gigantesco inmueble, descienden por un túnel, se aproximan a la cancha de futbol, bajan los muebles del cochecito, los colocan junto al campo, en el pasto que hasta hace unos meses se negaba a crecer (simbólica imagen que retrata las desgracias de Chivas), y todo ha quedado listo para tener una larga charla (37 minutos) con el dueño del equipo, el empresario Jorge Vergara, quien acepta que se ha equivocado, que ha cometido errores, y que por lo tanto es responsable (por no hablar de culpas) de un hecho doloroso: que el cuadro más popular de México, el Rebaño rojiblanco -que ya no es tan sagrado- esté al borde del abismo, a punto de descender.

Jorge, me contaba, antes de encender las cámaras, algo que le decía Sir Alex Ferguson (ex entrenador del Manchester United, escocés merecedor de la Excelentísima Orden del Imperio Británico, el mismo que hizo brillar a niveles inesperados a Javier Chicharito Hernández), algo que sucedió cuando visitó este estadio... Se sacó fotos y yo le decía: "¿Por qué te sacas fotos?". Y me decía: "Es el estadio más espectacular que he visto para jugar y ver futbol". La verdad que me da mucho orgullo para México y para Chivas. Costó más o menos 200 millones de dólares. De pesos no alcanza para mucho, que digamos... -sonríe, bromea para romper el hielo-.

Sí, es muy impresionante el estadio, un aforo para 50 mil personas, pero hace rato que aquí ya no se juega buen futbol de manera constante. Hace tiempo que la afición no acude masivamente a ver a su equipo: durante el torneo recién concluido la ocupación promedio fue de 60 por ciento, no más de 30 mil fanáticos.

Y es que, en 12 años, desde que Vergara adquirió Chivas (2002), y luego de aquel título del Apertura 2006 en el que Guadalajara apenas venció 3-2 (marcador global) a Toluca, y además del celebrado subcampeonato en la Copa Libertadores en 2010 (el brasileño Internacional de Porto Alegre venció al cuadro mexicano 5-3 en el marcador global), lo demás han sido fracasos rotundos, hasta el punto en que las Chivas están cerca de despeñarse.

Y tan ha sido así, que en esta docena de años Vergara cambió de entrenador ¡21 veces! Los jugadores de Chivas han tenido que aprender a jugar de nuevo 21 veces. Como referencia, a lo largo de su trayectoria ya profesional (a partir de 1943) Chivas ha tenido 45 entrenadores. Es decir, casi la mitad de los entrenadores de esa historia de 71 años han desfilado en la época Vergara de 12 años.

Algunos dicen que Chivas es como su banco: que le pase lo que le pase al equipo, usted siempre va a ganar dinero... -arrancó la entrevista-.

Pues no, yo te puedo decir una cosa: si seguimos invirtiendo los recursos, como lo hemos hecho, todo lo que nos ha costado, no es fácil recuperarlo. Hemos invertido más de 250 millones de pesos en un año. Todo depende cómo está el equipo para tener las finanzas sanas. No es fácil hacerlo, balancear. Los sueldos se han incrementado bestialmente para poder reforzar. No es nada sencillo.

¿Gana muy bien un jugador de Chivas?

-¡Pufff! ¡Qué te puedo decir! Creo que debí ser futbolista (ríe)... Te lo pongo así: hay gente que gana dos millones de dólares al año libres de polvo y paja".

¿En serio?

Sí, claro. Y no los están sudando, eh, esos dólares... Pues no, algunos de ellos no están respondiendo a lo que se les paga. No es nada barato el futbol. Ha sido un proceso de inversión. Yo te pongo un ejemplo: este estadio nos va a llevar 30 años recuperar la inversión. Son 200 millones de dólares. Por más que Chivas dé dinero, la cantidad de inversión ha sido bestial.

Pero también tiene la otra parte: según sé, tiene 210 millones de pesos al año de contrato con Televisa y 50 millones con Pepsi, Bimbo Scotiabank, Tecate...

(Se ríe) No te puedo dar las cifras, porque tengo prohibidas darlas pero... Pero por ahí van, según investigué: sí es una ganancia tener un equipo como Chivas. Ah, no, si no soy tarugo ni menso, ni he logrado lo que he logrado por hacer tarugadas. Cuando decidí comprar Chivas tenía muy claro que tenía el potencial para lograr la parte financiera, si no, no le hubiera entrado, por supuesto. Pero no le entré por la parte financiera, le entré por la ilusión de generar un cambio en este país a través del futbol, pero tiene que estar sustentado financieramente, si no, no perdura.

¿Usted era chiva de chiquito?

Sí, aunque algunos equipos quieren que sea de otros, pero era chiva desde chiquito. Los vecinos (el Atlas) quieren alegar que era paciente como ellos, pero no.

¿Paciente?

Imagínate aguantar 67 años sin campeonato: es ser muy paciente. No lo van a querer... No, no me quieren. Siempre he sido muy impaciente y no me quieren mucho que digamos.

JUAN PABLO BECERRRA