5 de junio de 2013 / 10:34 p.m.

 Nueva York • La obra como paisaje y su implicación en el entorno protagonizan la primera exposición monográfica sobre el visionario arquitecto y urbanista francés Le Corbusier en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), presentada hoy.

Aunque es conocido mundialmente por sus edificios racionalistas y proyectos urbanísticos de gran calado con los que buscaba transformar la ciudad moderna y adecuarla a las necesidades del hombre, la exposición Un Atlas de Paisajes Modernos, presenta una faceta nueva de Le Corbusier (1887-1965) como un artista total con una inusual atención por el entorno natural.

Así, la exposición transita por cuadros, esculturas, planos, maquetas, dibujos, muebles e incluso vídeos, en los que el artista expresa cómo busca que sus edificios, y los seres humanos que los habitan, interactúen con el paisaje.

Los comisarios de la muestra han apostado fuerte por esta idea, y la exposición comienza con una reconstrucción del interior de la diminuta cabaña de madera en la que Le Corbusier vivió largos períodos de su vida en Roquebrunne-Cap-Martin, al lado del Mediterráneo, junto al pequeño primer óleo que pintó con 15 años y que representa un paisaje de montaña de su Jura natal.

Conocido por sus edificios y proyectos racionalistas (dentro de lo que en Estados Unidos se denominó "estilo internacional" de arquitectura), sus grandes construcciones parecen sin alma, pero en realidad la gran altura, los enormes ventanales y las pocas paredes interiores ofrecen amplitud de espacios, apertura y vistas al exterior. Lo que ahora se llama calidad de vida.

Le Corbusier "buscaba respuestas para la ciudad moderna", explicó en rueda de prensa uno de los comisarios de la muestra, Jean-Louis Cohen, quien destacó también cómo el arquitecto y urbanista viajó "en un increíble movimiento" por todo el mundo para proponer y discutir sus ideas.

Los vídeos muestran grabaciones cinematográficas del período de entreguerras, en los que Le Corbusier (nacido en las montañas del lado suizo del macizo del Jura con el nombre Charles-Édouard Jeanneret) expone en entrevistas o disertaciones su visión de edificios de apartamentos muy altos para que hubiera mejor aireación, y nunca orientadas al norte ("lo primero, el sol").

Y en las calles, separación de vías de peatones y vehículos a fin de garantizar la tranquilidad de los viandantes, y entre cada edificio parques e instalaciones deportivas y recreativas. En definitiva, una ciudad contemporánea pero humana.

Entre los edificios pequeños, además de la famosa Villa Savoye, (1931) y de la no menos conocida capilla de Ronchamp (1950-55), Cohen destacó un proyecto que no vio la luz: Casa Errázuriz (1930).

Fue planeada pero nunca construida en Chile para un diplomático de ese país, con un novedosotejado en V para sumergirla en las montañas del fondo, y proyectada en piedra y troncos a fin de imbricarla aún más en el entorno natural.

La exposición también transita por épocas poco favorables para el arquitecto, y recuerda como muchos de sus planes revolucionarios para adecuar la gran ciudad contemporánea al hombre acabaron rechazados porque se consideradas demasiado extremos.

Entre esos planes destacan el Plan Voisin (París, 1925) y los de Buenos Aires, Montevideo y Rio de Janeiro (1929) o Moscú (1930). El Plan Maciá (Barcelona, 1933) no llegó a ver la luz por la Guerra Civil española, pero ahonda en su objetivo de humanizar las zonas pobres e insalubres de las metrópolis, como un "higienista urbano".

Por ello, la exposición refleja también que Le Corbusier era un visionario que quedó muy frustrado por la reticencia que generaron sus revolucionarias ideas, aunque al final el tiempo le ha dado la razón, en un mundo lleno de ciudades de edificios apelotonados, con poca ventilación y luz natural, con los automóviles invadiendo todos los resquicios y sin suficientes equipamientos comunitarios.

De los 400 edificios que proyectó solo se construyeron 75, y con algunos de ellos tuvo sonoras polémicas en su momento, como con la autoría de la sede del Ministerio de Salud y Educación de Brasil, en Rio de Janeiro (1936), un edificio sobre el que hizo algunos dibujos como consultor y que finalmente se encargó al brasileño Lúcio Costa, con quien trabajaba ya entonces Oscar Niemeyer.

La disputa con Niemeyer subió de tono con motivo de la autoría de la sede de Naciones Unidas en Nueva York (oficialmente un proyecto conjunto pero que el francés insistió, sin éxito, en reclamar como suyo).

Finalmente, Le Corbusier sí pudo lograr su sueño con Chandigarh, la nueva capital del estado indio de Punjab, que construyó a su gusto en los años 50, incluyendo una de sus esculturas de la serie La mano abierta, de 26 metros de altura.

La exposición estará abierta entre el 15 de junio y el 23 de septiembre, y después el emblemático museo neoyorquino será el único de Estados Unidos en que se verá, ya que después viajará a la Fundació La Caixa en Madrid (1 de abril-29 de junio de 2014) y Barcelona (15 de julio-19 de octubre de 2014).

 — EFE