19 de marzo de 2013 / 12:45 p.m.

Ciudad del Vaticano • El Papa Francisco hizo hoy un llamado a los líderes del ámbito económico, político y social para defender la creación y evitar que la muerte se extienda en el mundo, porque "odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida".

En la homilía de la misa de inicio de su pontificado, que celebró ante más de 150 mil personas reunidas en la Plaza de San Pedro y en las inmediaciones del Vaticano, reflexionó sobre la figura de San José, custodio de Jesús, María y de la Iglesia.

"Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos custodios de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente", dijo.

"No dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro. Pero, para custodiar, también tenemos que cuidar de nosotros mismos. Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida", agregó en un discurso pronunciado en italiano.

Explicó que custodiar quiere decir vigilar sobre los propios sentimientos y el corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen..

En dos ocasiones el pontífice pidió no temer a la bondad y a la ternura, sólo en ese momento los fieles lo interrumpieron con aplausos.

Describió a San José, del cual este día la Iglesia católica celebra la fiesta, como un "custodio" que sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado.

Según el Papa él sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas.

Advirtió que la vocación de custodiar no sólo atañe a los cristianos sino que es una obligación de toda la humanidad: custodiar a la gente, el preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón

"Es preocuparse uno del otro en la familia: los cónyuges se guardan recíprocamente y luego, como padres, cuidan de los hijos, y con el tiempo, también los hijos se convertirán en cuidadores de sus padres", explicó.

"Es vivir con sinceridad las amistades, que son un recíproco protegerse en la confianza, en el respeto y en el bien. En el fondo, todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos. Sed custodios de los dones de Dios", apuntó.

Sostuvo que cuando el hombre falla en esta responsabilidad y cuando no se preocupa por la creación y por los hermanos, entonces gana terreno la destrucción y el corazón se queda árido.

Por desgracia, afirmó, en todas las épocas de la historia existen "Herodes" que traman planes de muerte, destruyen y desfiguran el rostro del hombre y de la mujer.

Pidió nunca olvidar que el verdadero poder es el servicio y que, también el Papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio que tiene su culmen luminoso en la cruz.

"Debe poner sus ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe, de san José y, como él, abrir los brazos para custodiar a todo el Pueblo de Dios y acoger con afecto y ternura a toda la humanidad, especialmente los más pobres, los más débiles, los más pequeños", estableció

Por esto el Papa debe pensar en el hambriento, el sediento, el forastero, el desnudo, el enfermo, el encarcelado. "Sólo el que sirve con amor sabe custodiar", apuntó.

"Custodiar toda la creación, custodiar a todos, especialmente a los más pobres, custodiarnos a nosotros mismos; he aquí un servicio que el obispo de Roma está llamado a desempeñar, pero al que todos estamos llamados, para hacer brillar la estrella de la esperanza: protejamos con amor lo que Dios nos ha dado", concluyó.

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