9 de noviembre de 2013 / 08:11 p.m.

San José.- La ola de muertes de tortugas verdes en Centroamérica continuó esta semana en Costa Rica con la aparición de 44 ejemplares en el Pacífico, que se suman a otros encontrados recientemente en Nicaragua y El Salvador, que se sospecha se puede deber a una toxina liberada por algas. La causa de la muerte de estas tortugas (chelonyas mydas) en la provincia de Guanacaste, en el Pacífico de Costa Rica, está por determinarse en una necropsia encargada a expertos y cuyo resultado estará listo la próxima semana, dijo a Efe el veterinario David Herrera. Un equipo de científicos que realizó una expedición para localizar especímenes vivos y muertos para estudiarlos, del que formaba parte Herrera, sólo encontró indicios de efectos de actividad humana en tres casos, por lo que se cree que las muertes se deben a un síndrome neurológico. Sin embargo, el informe del equipo no descarta la acción humana como causa de muerte. Herrera, que colabora con la organización ecologista Widecast, dijo que, al parecer, el síndrome neurológico afecta a los quelonios provocando un deterioro general: "El animal se ve deprimido, sin fuerzas y disminuye sus reflejos". Esto impide a las tortugas completar su rutina general de salir a la superficie para buscar aire. Según el doctor, el síndrome no es la causa directa de la muerte, pero es la razón por la que la tortuga queda incapacitada y no logra comer ni defenderse de los depredadores. "Al perder fuerzas, la tortuga no puede levantar la cabeza. Por tenerla tanto tiempo sumergida, el agua puede entrar a sus pulmones y así se puede morir", indicó el veterinario. Una de las teorías que maneja el equipo de investigadores como causa de la muerte de estos animales es la presencia de toxinas en el agua que las tortugas ingieren. "Las algas florecen y sueltan unas toxinas en el agua, y camarones pequeños y otros microorganismos las absorben. Luego, las medusas comen estos camarones y las tortugas suelen comer medusas en grandes cantidades", explicó Herrera. Según el veterinario, el problema es que la toxina está presente en todos los eslabones de esta cadena alimenticia. En el grupo de tortugas muertas encontradas por los investigadores también había una con un corte en el tejido que los pescadores o cazadores hacen comúnmente para sustraer sus huevos, mientras otras dos fueron halladas sin cabeza. Dos tortugas más fueron rescatadas moribundas y trasladadas inmediatamente al hospital de especies menores de la Universidad Nacional, pero solo una ha logrado sobrevivir. También formó parte herrera del equipo que realizó la investigación sobre la causa de muerte de 280 tortugas encontradas en el golfo Dulce, en el sur costarricense, en enero pasado. "Este hallazgo más reciente no se parece al primero, porque esta vez no es evidente la presencia de instrumentos de pesca", afirmó al respecto. Sin conclusiones ciertas aún por la falta de un análisis de toxicología, una de las hipótesis del equipo es que la producción de esta toxina por las algas se debe al efecto del cambio climático sobre la temperatura del agua en los mares. "Si esto es cierto, básicamente significa que, aunque no haya sido una muerte inducida por un humano de forma directa, la toxina se reproduce como consecuencia de las acciones humanas en el ambiente", concluyó. El caso de Costa Rica se une a recientes hallazgos similares en El Salvador, donde, según el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, al menos 233 tortugas han muerto este año por ingerir "algas nocivas". El biólogo Fabio Buitrago, de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Sostenible (Fundenic-Sos), denunció en septiembre pasado la aparición de "cientos" de tortugas muertas frente a la costa de San Juan del Sur, en el Pacífico nicaragüense. Una de las principales sospechas del ambientalista es que las tortugas murieron debido a la pesca con explosivos, situación que también es investigada por los biólogos costarricenses. Según datos de Widecast, organización dedicada a la protección de las tortugas, se calcula que entre 10.000 y 30.000 quelonios son víctimas de pesca ilegal anualmente en Costa Rica.

EFE