20 de enero de 2014 / 01:35 a.m.

Rolando Arreola, quien entrena a Sofía, recuerda que desde niña su hija estaba decidida a ir por un deporte, "jamás le dijimos en la familia que hiciera deporte, se le recomendaba y ella misma optó por uno".

Sin embargo, acepta que para tener a una atleta de alto nivel como Sofía es complicado, porque siempre sale a relucir el lado paternal, "es complicado por la relación de padre e hija, afortunadamente ella es muy disciplinada, en ocasiones me dice que es lo que sigue y eso para mí es satisfactorio".

Para Rolando trabajar con su hija ha sido motivador, ya que la ausencia que se tiene en el seno familiar se compensa con aquellos momentos, cuando están concentrados en la antesala de las competencias y sólo uno a uno se llenan con confesiones aquellos instantes.

"Ella está aquí -ciclismo- porque le gusta, jamás he estado detrás de ella para lo que vaya hacer, sino al contrario, me dice lo que se debe hacer, me marca el ritmo, aunque ya la conozco muy bien, siempre hay algo que se me olvida y ella me recuerda", apuntó.

Rodeado de bicicletas, llantas y tubulares, esta pareja de padre e hija, se ha amalgamado de tal manera que sólo con una señal, casi secreta, de complicidad, se dicen las cosas cuando Sofía se monta en su jaca de acero y se lanza a la pista.

"En un evento como este, en la noche anterior estudiamos lo que vamos a hacer, a qué hora tenemos que inflar la rueda, el horario para estar aquí, medir la bicicleta, todo este proceso lo tiene muy claro. Por eso la relación padre e hija en cuanto al aspecto técnico no se complica, pero sí cuando se va a lo personal", expuso.

Pero como en toda relación familiar, el padre es quien marca la pauta en el terreno interno y "en ocasiones la regaño como en cualquier relación de este tipo, son pocos porque ella acepta lo que hay qué hacer como atleta y como hija no hay necesidad de llamarle la atención".

Aunque en la familia Arreola Navarro el lado femenino es la columna vertebral, Rolando tiene a dos hijas más Nancy y Graciela, quienes en su momento tuvieron el gusto por el ciclismo y a ellas dos también aplicó su sistema de sólo orientar a sus hijas, sin presiones.

"De mi parte la práctica deportiva no ha sido como una obligación, sino como un actividad para disfrutar y hasta que ellas quieran y desde luego cuando ya no se sientan a gusto que lo dejen, nunca las presiono y con Sofía ha pasado lo mismo", expuso.

Rolando destaca la voluntad y disciplina de Sofía para alcanzar los logros obtenidos como las dos medallas mundiales en Bielorrusia, las cuales llegaron tan rápido, "no fue sorpresa, porque desde juvenil estuvo cerca de la medalla, pero a nivel elite, pensé que iba a tardar un poco más en llegar estos resultados y eso me alegra".

"Esto lo hemos vivido de manera contenta, no sólo para mí, sino para ella, pero también es la recompensa al trabajo y ha valido la pena estar fuera de casa ya varios años, porque las navidades y cumpleaños siempre han quedado en segundo término", abundó.

Por eso, para ambos, estos momentos fuera de casa saben que van encaminados a un objetivo, que es llegar a unos Juegos Olímpicos y esperan cristalizar ese sueño en Río de Janeiro 2016.

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