12 de febrero de 2013 / 12:46 a.m.

Ciudad del Vaticano — Benedicto XVI habría tomado la decisión después de una gira emotiva pero agotadora por México y Cuba. Menos de un año después, con unas cuantas palabras en latín, anunció algo que no se había dado en más de medio milenio: la renuncia de un Papa.

Y su declaración abrió en la Iglesia católica, durante una época ya turbulenta, un proceso complejo y agitado para reemplazar al máximo líder religioso de 1.000 millones de personas antes de la Pascua.

Ni siquiera los colaboradores más cercanos del pontífice estaban enterados de la decisión antes de que ésta se anunciara durante una reunión de cardenales o consistorio que se realizaba el lunes por la mañana, con una agenda de rutina.

Y sin un claro favorito para suceder a Benedicto, otra sorpresa podría sacudir al catolicismo el mes próximo, cuando se realice el cónclave que habrá de elegir al nuevo pontífice.

"Sin duda éste es un momento histórico", dijo el cardenal Christoph Schoenborn, alumno de Benedicto en teología y considerado aspirante al pontificado. "Justo ahora, 1.200 millones de católicos en el mundo contienen la respiración".

La decisión sentó las bases para un cónclave —un encuentro secreto donde los cardenales votan para elegir a un nuevo Papa— antes de la Pascua, dado que no tendrían que observarse los nueve días de duelo que son una obligación cuando un pontífice fallece.

Además, la medida permitiría a Benedicto tener influencia sobre quién será su sucesor, aunque él no votaría en el cónclave. Benedicto ha elegido ya a buena parte del Colegio de Cardenales, los príncipes de la Iglesia que elegirán al próximo Papa, lo que protegería su legado conservador.

El cardenal Andre Vingt-Trois, arzobispo de París, consideró la decisión un "acto liberador para el futuro", al destacar que de ahora en adelante, los Papas no se sentirán ya obligados a permanecer en el cargo hasta la muerte.

"Todos los cardenales se asombraron y se miraban unos a otros", comentó monseñor Oscar Sánchez, de México, quien estaba en la sala donde se realizó la reunión el lunes por la mañana, cuando Benedicto XVI formuló su anuncio.

El diario vaticano L'Osservatore Romano informó que Benedicto tomó la decisión de renunciar después de su viaje a México y Cuba en 2012. La gira pastoral incluyó actos en los que el pontífice fue recibido con júbilo, así como una reunión con el ex presidente cubano Fidel Castro.

Como uno de los principales asesores de su antecesor Juan Pablo II, Benedicto atestiguó el sufrimiento de aquel pontífice en sus últimos días. Resulta claro que Benedicto quería evitar la misma situación a medida que su edad avanzaba, aunque el Vaticano insistió en que el anuncio no fue provocado por un padecimiento grave específico.

El lunes, Benedicto XVI dijo que serviría a la Iglesia durante el resto de sus días "por medio de una vida dedicada a la oración". El Vaticano anunció inmediatamente después de su renuncia que Benedicto XVI viajaría a Castelgandolfo, la residencia veraniega papal al sur de Roma, para ir después a vivir en un monasterio enclaustrado.

Benedicto XVI debía asistir al Día Mundial de la Juventud en Río de Janeiro en julio. Para entonces ya habrá sido nombrado su sucesor, quien posiblemente hará el viaje.

El anuncio de Benedicto XVI podría sentar un precedente que presione a futuros papas a renunciar ante el menor indicio de enfermedad.

El propio Benedicto XVI planteó esa posibilidad en una entrevista para el libro "Luz del Mundo", cuando habló de dejar el cargo en 2010 si era demasiado viejo o estaba demasiado enfermo para continua.

AP