9 de julio de 2013 / 01:07 p.m.

Viaja de la isla Lampedusa, que está más cerca de África que de Italia

 

Lampedusa• El papa Francisco reprochó ayer la “globalización de la indiferencia” que recibe a los migrantes que arriesgan sus vidas tratando de alcanzar una vida mejor en Europa. En la visita a los confines de Italia llamó la atención sobre su suerte y lamentó la pérdida de quienes perecieron en el intento.

La isla siciliana de Lampedusa —de 9 kilómetros de largo— está más cerca de África que de Italia continental y es el principal puerto de entrada para los migrantes que llegan ilegalmente por mar desde Libia o Túnez.

Francisco decidió la semana pasada que Lampedusa sería el destino de su primer viaje pastoral fuera de Roma, conmovido por un intento particularmente mortífero en el que una decena de migrantes perdieron la vida. Pese a que tomó la decisión imprevistamente, la isla se preparó adecuadamente al improvisar un estrado con madera de naufragios de embarcaciones de los migrantes.

El pontífice recibió a los africanos recién llegados y durante una misa al aire libre en la cancha de futbol de la isla agradeció a los residentes por haber recibido a tantos migrantes a lo largo de los años.

Sin embargo, el motivo principal de la visita, aclaró, fue conmemorar a quienes murieron tratando de conseguir una vida mejor para ellos y sus familias. Lanzó una corona de flores al mar en memoria de los fallecidos y dijo que su muerte equivalía a “una espina en el corazón” que se repite tanto que sencillamente se llega a ignorar.

“¿Quién lloró por esa gente que estaba a bordo del bote?”, preguntó el papa en su homilía. “Somos una sociedad que ha olvidado cómo llorar”, agregó.

Decenas de embarcaciones pesqueras acompañaron al bote de la guardia costera cuando llegó el Papa.

Justo cuando llegaba el pontífice, una embarcación con 160 eritreos arribó al puerto. Las autoridades dijeron que se encontraban en buen estado.

Francisco fustigó a los contrabandistas de seres humanos que se aprovechan de la pobreza de los migrantes para enriquecerse. Instó a todos a responsabilizarse de la desesperación de los migrantes y les pidió que no tuvieran “anestesiado el corazón”.

“La cultura de nuestro propio bienestar nos insensibiliza al llanto ajeno”, afirmó. “Nos hace sentir indiferentes a los demás por la globalización de la indiferencia”.

Dirigiéndose a los musulmanes en la isla, dijo que “la Iglesia está con vosotros en la búsqueda de una vida más digna”.

AP