31 de mayo de 2013 / 12:47 p.m.

Madrid • Como si de una estrella de cine o de rock se tratara, llegó a Madrid Dan Brown para presentar su novela Inferno, su cuarta y última ficción llamada al éxito, protagonizada por el profesor Robert Langdon e inspirada en La divina comedia de Dante.

Un infierno que para conocerlo no hace falta tener que descender hasta el noveno círculo, como propone Dante, porque para Brown tanto “el infierno como el paraíso existen y están en la Tierra”.

Este escritor se ha vuelto más complejo y comprometido en Inferno, como demostró ayer durante la presentación del libro en la Biblioteca Nacional.

Para el escritor estadunidense, el más grave problema que hay que enfrentar es la superpoblación, tema de su nueva novela, y que el autor asemeja al infierno de Dante. “En los últimos 85 años, la población se ha triplicado. Cada día nacen 200 mil personas, y todos los problemas, como las guerras, el tema del agua o las enfermedades, nacen de este problema”, advierte.

Brown no es muy querido por la Iglesia católica, que siempre manifiesta su malestar por sus obras. Ahora puede pasar lo mismo.

En este sentido, el escritor ha señalado que no creía que con el nuevo papa Francisco se producirán “cambios drásticos”.

“El Vaticano cambia muy despacio: sus movimientos son geológicos. No conozco al nuevo papa Francisco. Parece un hombre muy devoto, de ideas nobles. Ya veremos lo que ocurre”, señala.

Algunas críticas en Estados Unidos han sido demoledoras, mientras que otros han dicho que Inferno es la mejor obra del autor. “No necesito gustar a todo el mundo”, ha reconocido.

Ha defendido su faceta como autor de best sellers: “El mundo editorial es muy importante, y lo que más se necesita es que haya autores de éxito como yo, porque eso les permite publicar a otros escritores importantes que no tendrían voz de otra manera”.

También se ha referido a sus manías a la hora de escribir y ha confirmado la leyenda de que se cuelga boca abajo para que le baje la sangre a la cabeza antes de escribir, y hace ejercicio y flexiones antes de ponerse ante la página en blanco.

EFE