31 de mayo de 2013 / 12:20 p.m.

México• En 1948, John Cage compuso la Suite para piano de juguete, la primera obra que tomó en serio este instrumento. Según Kyle Gann, entonces se dedicaba a realizar piezas silenciosas con medios modestos: “Sentía que no había nada bueno en la gran sociedad y que escribir para piano de juguete era casi como una manera de retirarse del mundo oficial de la música”.

En 1993, un año después de que Cage murió, la pianista Margaret Leng Tan, su discípula, fue invitada a un homenaje al compositor en el Lincoln Center de Nueva York, donde presentó esta obra. El instrumento en que la tocó, adquirido en una tienda de empeño de Nueva York por 45 dólares, ejerció un efecto mágico en su creatividad y cambió su vida. Ahora es la primera ejecutante del piano de juguete en el mundo y muchos compositores han escrito obras para ella.

Invitada por el Foro Internacional de Música Nueva Manuel Enríquez, Leng Tan se presentará el próximo martes 4 de junio a las 19:30 horas en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes. Un día antes hablará sobre su experiencia en la Sala Adamo Boari del recinto.

En entrevista con MILENIO, la pianista de Singapur cuenta que en el homenaje a Cage en 1993 incluyó en su concierto tanto piezas para piano normal como para piano preparado, piano tocado con arco y piano de juguete. “Así me involucré con éste. Me compré uno en el East Village, con un sonido hermoso”.

El efecto se extendió a compositores que empezaron a escribir para el instrumento, y ella se dedicaba a hacer arreglos de autores como Satie, los Beatles o Philip Glass. “Es, en definitiva, otro instrumento, muy diferente a un piano normal, porque tiene sus propias necesidades. Estoy muy orgullosa de haber hecho de este piano un instrumento que tiene un repertorio propio. Hacer música en él, con resultados artísticos, requiere de mucha práctica. Como dijo Marcel Duchamp: ‘Las herramientas pobres requieren de mejores habilidades’”.

¿Cómo reaccionan los niños cuando la escuchan?

Les encanta, se enganchan totalmente al instrumento, pero eso también sucede con los adultos. Después de todo, hay un niño en cada uno de nosotros y el piano de juguete permite que éste surja. El piano de juguete nos reconecta con ese niño interior y por eso tiene una cualidad nostálgica, pero al mismo tiempo es fresco. Su sonido es mágico; no suena como un piano real, porque no lo es, sino que tiene su propia voz. Me gusta que en mis conciertos la gente se olvide del mundo de afuera, de sus preocupaciones y disfrute la belleza de la música y el instrumento durante un par de horas, con la esperanza de que salga con una sonrisa.

Al hablar de sonrisas no puede uno dejar de pensar en John Cage.

Fue mi mentor desde 1981 hasta su muerte, y su imaginación era grandiosa. Siempre tuvo las cualidades como de niño travieso —que nunca perdió—, además de esa maravillosa sonrisa, casi como la de un niño que descubre algo nuevo. Creo que su mayor don fue que nos dio la confianza de ser nosotros mismos y convencernos de que las reglas no importan. Lo hermoso del piano de juguete es que no las tiene.

XAVIER QUIRARTE