27 de junio de 2014 / 10:36 p.m.

Amantes de las imágenes como son, los mexicanos han encontrado un recurso para atraer la buena suerte en el Mundial de Brasil: jugar a meterse en su piel al entrenador Miguel Herrera para tratar de vencer el domingo a Holanda.

Ponerse una máscara con la cara de Herrera deformada por los festejos es la diversión de moda de los aficionados que en las últimas horas han comprado la careta del estratega, a quien se refieren como si fuera un semidiós vestido con trajes caros.

Aunque tiene una gran trayectoria, Herrera ha sobresalido al frente de la selección más por su capacidad para tratar a sus futbolistas como si fueran de su familia que por las disertaciones técnicas sobre el juego.

Agarró al equipo en una crisis existencial luego de que costarricenses, estadounidenses y hondureños los bajaron de la nube cuando se creían los gigantes de la Concacaf y los enviaron al cuarto lugar de la eliminatoria, que pudo ser el quinto si Panamá no recibe un gol de última hora de Estados Unidos en el partido final.

Herrera debutó en una serie extra ante Nueva Zelanda en la que se clasificó al Mundial y a partir de ahí, más que entrenador, primero fue un sicólogo dedicado a restaurar la autoestima de sus jugadores, acomplejados porque llegaron al Mundial de rebote.

En Brasil venció con autoridad a Camerún, detuvo a los poderosos delanteros de Brasil para empatar sin goles y pasó por encima de Croacia con margen de 3-1, con lo cual mantuvo al equipo como uno de los nueve invictos de la fase de grupos y el de mejor defensa entre los 32 participantes.

Sin embargo, por lo que más ha trascendido el entrenador es por su manera de celebrar como hincha de barrio. Ante cada gol contra Croacia movió su anatomía con unos kilos de más y fue la figura de las fotos más graciosas del partido en las que salió con los pelos parados al estilo del canario "Piolín" de las caricaturas.

En los últimos días Herrera ha acaparado en los principales medios del mundo espacios que suelen estar separados para escritores famosos, actores o goleadores."Es un volcán", dijo la BBC de Londres, mientras el diario español "El País" lo calificó como el antihéroe que lleva en volandas a México y el inglés "The Guardian", lo llamó el héroe del Mundial.

Acostumbrados a sufrir porque apoyan al equipo más perdedor en la historia de los Mundiales, hace años los mexicanos exageran todo lo bueno de su selección, un buen regate, una atajada de su portero o un gol son motivos suficientes para la algarabía. Y si ganan un partido, se van al Ángel de la Independencia, símbolo de la capital.

Ahora que están ganando han ido más allá. Han empezado a adorar a Herrera como a un "mesías" y juegan a ponerse su cara de "Piolín" sobre la propia, a ver si así el elegido se llena de poderes y hace real el sueño maldito que tienen los mexicanos desde 1930: jugar el quinto partido en una Copa Mundial.

AGENCIAS