20 de febrero de 2014 / 03:29 p.m.

El elevado costo y magnitud de los Juegos de Sochi no tienen antecedentes. La interrogante para futuras olimpiadas invernales es directa: ¿Podrá o debe alguien tratar de superar lo que han hecho los rusos?

Sochi ha sido la vitrina del ambicioso proyecto del presidente Vladimir Putin, recurriendo a los Juegos Olímpico para un remozamiento integral de la región en el mar Negro, con nuevas instalaciones e infraestructura que salieron de la nada.

La desorbitante inversión, el abarcador aparato de seguridad y un rosario de problemas logísticas en Sochi han puesto a pensar a futuros candidatos sobre si deben montar los Juegos de Invierno.

¿Pueden asumir los costos? ¿Tendrán apoyo del público? ¿Deben los juegos deben montarse en países emergentes o que se disputan en naciones con una añeja tradición de invierno? ¿Habrá frío?

Bajo el nuevo presidente Thomas Bach, el Comité Olímpico Internacional pondera cambios en el proeceso de selección con el fin de reducir los costos que incurren las ciudades candidatas.

"La idea de que tal vez un país más tradicional puede organizar unos juegos de menor escala con un legado diferente es muy posible", dijo el portavoz del COI Mark Adams.

La realidad es que futuras candidatas se han asustado con el costo de 51.000 millones de dólares en Sochi. Ese dinero no fue dirigido a los juegos, sino para construir carreteras, ferrocarriles, hoteles y otros proyectos.

Pero se ha producido un cambio de actitud. Las candidaturas de Munich y St. Moritz-Davos para 2022 fueron abortadas, luego votantes en Alemania y Suiza rechazaron darle apoyo por culpa de temores por el costo y daño al medio ambiente. Estocolmo también se bajó de la puja de 2022 al espantarse con el elevado costo financiero.

"Muchas ciudades se asustan, hay mucho dinero de por medio", dijo Gerhard Heiberg, veterano miembro noruego del COI a The Associated Press. "La gente en Europa Occidental cree que es demasiado... Tenemos que hacer que más ciudades se interesen"-

La próxima cita será dentro de cuatro años en Pyeongchang, Corea del Sur. Como Sochi, es un nuevo destino, la primera olimpiada de invierno en Corea, en una ciudad que pocos en el mundo conocen. A diferencia de Sochi, Pyeongchang sí tiene lista su infraestructura, y pautaría un modesto presupuesto de 7.000 millones de dólares.

Lo que sigue después es decidir el anfitrión de 2022. Cinco ciudades aspiran conseguir la sede: Almaty, Kazajistán; Beijing; Cracovia, Polonia, Lviv, Ucrania; y Oslo, Noruega. El anuncio de la sede se hará el 31 de julio de 2015.

Beijing, que albergó los Juegos de Verano en 2008, tendría pocas posibilidades, al considerar que el COI ha encadenado dos olimpiadas seguidas en Asia, Pyeongchang 2018 y Tokio para la cita de verano en 2020.

Lviv tendría en contra la actual crisis política en Ucrania. Cracovia suena interesante, pero presenta varios problemas logísticos. Oslo y Almaty quedarían como los sitios favoritos.

La capital noruega se perfila favorita, en un país con una economía basada en su industria petrolera. Además está el recuerdo de Lillehammer 1994, considerado como uno de los mejores juegos de invierno de la historia. Pero una encuesta reciente arrojó que más de un 50% de la población se opone a la idea.

Almaty, en el centro de Asia, es la capital commercial de la ex república soviética y que desde 1989 ha sido gobernada por el presidente Nursultan Nazarbayev.

Lo que sí es seguro que es no repita otra vez un proyecto como el de Sochi, con todo nuevo.

Otro factor que el COI debe ahora tener en cuenta es el impacto del cambio climático, lo que ha recibido atención debido a que en Sochi las condiciones han sido primaverales, causando temores por la calidad de la nieve.

Científicos consideran que las temperaturas cada vez más altas pondrían en riesgo a los juegos de invierno en un futuro no muy lejano.

"Con el paso del siglo, los países del hemisferio norte tendrán menos certeza de contar con el nivel de nieve necesario para montar los Juegos de Invierno", dijo Andrew Weaver, un experto sobre el clima en la Universidad de Vctoria en Canada.

AP