29 de agosto de 2013 / 07:54 p.m.

Ahora, con 6 años de edad, Dagen padece parálisis cerebral y se preguntan: "¿Hay que atribuirla a ese estudio de hace tanto tiempo?

"Díganme que el estudio Support no dañó en modo alguno a Dagen", desafió su padre, Shawn Pratt, el miércoles a una comisión gubernamental acompañado por su hija.

Una gran polémica ha surgido sobre lo que parece una respuesta simple: ¿Hasta qué punto deben ser informados los pacientes sobre los riesgos potenciales antes de que se inscriban en ciertos tipos de investigación médica?

El tema no reside en cómo estudiar una terapia nueva y no confirmada. Todas las partes concordaron que esos estudios deben informar plenamente a los participantes que no hay garantías de que funcione el experimento, ni incluso si es seguro.

En lugar de ello, el debate versa sobre uno de los secretos de la medicina moderna: Los médicos recetan con frecuencia un tratamiento en vez de otro sin prueba alguna de cuál de los dos será mejor. No hay requisito alguno de que deban informar a sus pacientes cuando asumen una hipótesis, ni que describan los beneficios y los efectos negativos de cada alternativa.

Los investigadores deben describir todos los riesgos cuando estudian cuál es la mejor alternativa. Empero, ¿ello podría hacer creer a los pacientes que la investigación es más peligrosa que lo calculado por sus propios médicos?

Los funcionarios federales de salud plantearon el miércoles la pregunta al público, al debatir la forma de regularizar este tipo de investigación, un debate desatado por el estudio de bebés prematuros que incluyó el caso de Dagen Pratt.

Los prematuros más pequeños encaran graves riesgos, incluyendo la muerte y taras físicas.

El oxígeno ha sido un tratamiento común en esos casos, pero los médicos no sabían qué cantidad debían utilizar. Demasiado oxígeno causa un tipo de ceguera llamada retinopatía prematura. Demasiado poco oxígeno puede causar daños neurológicos, incluso la muerte. Por ello los hospitales usan una amplia gama de oxígeno, en la que algunos médicos se inclinan por la dosis máxima y otros por la mínima.

El estudio Support, realizado entre el 2005 y el 2009, intentó establecer la dosis idónea. Asignó al azar unos mil 300 pacientes en 23 hospitales a menores o mayores dosis de oxígeno. Para sorpresa de los investigadores, más bebés que recibieron la dosis mínima murieron, por lo que fueron adoptadas nuevas normas en el cuidado de prematuros.

El problema: Un organismo gubernamental decretó en el segundo trimestre que los investigadores violaron las normas federales que les obligan a describir los riesgos del estudio a los pacientes. La autorización que firmaron los padres fue mencionada la muerte.

"Este es un estudio muy, muy importante", dijo el miércoles el doctor Jerry Menikoff, director de la Oficina para la Protección de los Derechos Humanos. "Lo único que pedíamos", agregó, "era un par de párrafos indicando que había riesgos".

AP