EFE
9 de junio de 2013 / 04:13 p.m.

Lisboa • Los más de 250 millones de habitantes de los países de habla portuguesa celebran este lunes el día de la lengua lusa, cuya importancia internacional gana impulso por la pujanza económica y demográfica de Brasil y Angola.

La presidenta de la nación suramericana, Dilma Rousseff, se une a los actos en homenaje a la cultura lusófona, que se celebran en Lisboa en el aniversario de la muerte del padre de las letras lusas, el insigne poeta Luíz Vaz de Camões (1524-1580) cuyo nombre lleva el premio literario más importante del mundo lusófono.

Rousseff y el jefe de Estado de Portugal, Aníbal Cavaco Silva, entregan juntos en Lisboa la 25 edición del galardón, fallado el pasado 27 de mayo en Brasil, al mozambiqueño Mia Couto (António Emílio Leite Couto).

Portugal, cuna de la lengua lusa, y Brasil, que alberga casi 200 millones de luso-parlantes, van de la mano en muchas iniciativas para proyectar un idioma en franca expansión.

"La lengua portuguesa es hoy una de las más influyentes del mundo, con tendencia al crecimiento de sus hablantes y de quienes la usan como segunda lengua", afirma el último estudio del Instituto Camões sobre la difusión del idioma portugués y su afirmación internacional en la cultura y la ciencia.

"Es una lengua hablada en las cuatro esquinas del mundo, porque está viva, tiene una larga historia y es de una familia lingüística de gran relevancia, como la románica", resalta en declaraciones a Efe Paulo Rebelo Gonçalves, de Porto Editora, una de las mayores editoriales lusas, que ve en su idioma "una extraordinaria riqueza a todos los niveles".

La expansión del portugués como lengua de comunicación internacional se atribuye sobre todo al crecimiento económico, muy acentuado en la última década, de Angola y Brasil, y al mayor reconocimiento de la personalidad del mundo luso-hablante.

Ocho países tienen el portugués como lengua oficial: Portugal, en Europa; Brasil, en América; Timor-Leste Oriental, en Asia; y Angola, Cabo Verde, Guinea-Bissau, Mozambique y Santo Tomé y Príncipe, en África.

Todos integran la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa (CPLP), organismo con sede en Lisboa que agrupa a la antigua metrópoli y sus siete ex colonias.

Guinea Ecuatorial, la antigua colonia española en África, también aspira a formar parte de esa comunidad -además de la francófona a la que ya se adhirió- y ha hecho del portugués, por decreto, su tercera lengua oficial.

El Instituto Camões, promotor internacional de la lengua portuguesa como el Cervantes en el caso del español, apunta ahora a Asia como fuerza emergente en su expansión, especialmente China, donde se habla portugués en la antigua colonia lusa de Macao.

Pero América Latina, con la estratégica influencia de Brasil, es "un espacio de crecimiento natural, no solo por el factor de reciprocidad que ese espacio implica, sino por la dinámica económica de sus países", según declaraciones a Efe de portavoces del Camões.

En el Instituto también destacan lo que el aprendizaje recíproco de las lenguas de los países de América Latina representa "para la comunicación y proximidad entre los pueblos".

La pujanza del idioma del premio Nobel, José Saramago, es no solo un tesoro patrimonial sino una fuente de riqueza para Portugal que el Camões calcula en el 17 % de cuanto produce el país.

No obstante, el idioma luso tiene también grandes desafíos por delante, entre ellos, como resalta Rebelo Gonçalves, la lenta aceptación del Acuerdo Ortográfico de la Lengua Portuguesa y su compendio de cambios para unificarla.

Portugal y Brasil decidieron avanzar con la aplicación del Acuerdo, pero Angola y Mozambique, dos de los mayores países de la comunidad, se muestran poco receptivos a hacerlo, señala el editor.

La norma suscitó fuertes críticas en Portugal por sus profundos cambios ortográficos, en los que se impuso sobre todo la variante hablada en Brasil, pero empezó a aplicarse de forma gradual hace tres años y las Administraciones Públicas, los medios de comunicación y parte del sistema de docencia, ya lo han incorporado.

En cambio Brasil, pese a ser el mayor inspirador de los cambios, decidió suspender la puesta en marcha del Acuerdo hasta 2016.