24 de octubre de 2013 / 03:58 p.m.

Ciudad del Vaticano.- Müller adelantó la idea de que los católicos que se vuelven a casar tras un divorcio no pueden recibir los sacramentos en un artículo publicado en el diario Vaticano "L'Osservatore Romano" ante el Sínodo extraordinario sobre la pastoral de la familia, que se celebrará en octubre 2014.

En el artículo presenta una disertación sobre la indisolubilidad del matrimonio y el debate sobre los divorciados que vuelven a casarse y los sacramentos.

La intervención del prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe se produce después de que el papa Francisco haya mostrado cierta apertura en este asunto, al destacar la necesidad de estudiar el tema y subrayar la importancia de mejorar la atención espiritual a los divorciados que se han vuelto a casar.

En esta línea, el pontífice manifestó durante el viaje de regreso desde Río de Janeiro el pasado 29 de julio, que se trata de un problema que debe ser estudiado en el marco de la pastoral matrimonial.

Entonces el pontífice destacó que ésta es la época de la misericordia, al tiempo que recalcó que "si el Señor no se cansa de perdonar, nosotros no tenemos otra alternativa".

Sin embargo, Müller subraya en su artículo que "si el matrimonio precedente de unos fieles divorciados y que se vuelven a casar era válido, en ninguna circunstancia su nueva unión puede considerarse conforme al derecho, por tanto por motivos intrínsecos, es imposible que reciban los sacramentos".

"Cada vez con mayor frecuencia se sugiere que la decisión de acercarse o no a la comunión Eucarística por parte de los divorciados que se vuelven a casar debería dejarse a la iniciativa de la conciencia personal. Este argumento, en el que subyace un concepto problemático de conciencia, ya fue rechazado en la carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe de 1994", agregó.

Müller se refirió también a otra de las tendencias existentes a favor de la admisión de los divorciados que se casaron de nuevo en los sacramentos, la que invoca el argumento de la misericordia, puesto que Jesús se solidarizó con las personas que sufren, dándoles amor misericordioso, la misericordia sería, por lo tanto, un signo especial del auténtico seguimiento de Cristo.

"Esto es cierto, sin embargo, no es suficiente como argumento teológico-sacramental, puesto que todo el orden sacramental es obra de la misericordia divina y no puede ser revocado invocando el mismo principio que lo sostiene", señaló el prefecto para la Congregación para la Doctrina de la Fe.

EFE