23 de marzo de 2013 / 02:50 p.m.

Monterrey • Muchas preguntas se pueden hacer sobre la memoria y sus alcances, pero recordar cada capítulo de la vida es sobre lo que trata la novela El pasado es un extraño país  (Suma de Letras, 2012), de Flor Aguilera García, quien se adentra en la mente Ana Goldberg, una mujer joven y solitaria que comparte su historia, y en la que juegan un papel determinante el desamor, las ilusiones, el desarraigo, la empatía y la manera de sobreponerse a las pérdidas.

Desde la portada ya se anuncia a manera de collage las intenciones de una escritura fluida y que parte de la idea de los diversos mundos que la pueblan, y donde desenvuelve muchos de sus recuerdos, desde estar con Fidel Castro en Cuba a recorrer diversas geografías, como Nueva York y otras ciudades del planeta.

"Lo que refleja la portada es que el lector entienda que cuando abra el libro va a encontrar un mundo muy femenino, pero además un mundo de otros países, un mundo muy optimista, concolores que se acercan a un personaje que busca, que trata de hallar un reflejo de esperanza".

Uno de los rasgos importantes de la protagonista es la capacidad de recordar cada momento de su vida, una tarea en la que la autora se involucró a partir de un documental que vio en la TV en donde hablan del padecimiento llamado hipertimesia, lo que trajo como consecuencia esta novela en la que se implica además el espíritu viajero.

"Lo que trabajé en esta obra es como la impertinencia de que Ana tuviera recuerdos y memoria autobiográfica por dos motivos, porque ha vivido en muchos países y eso ya es una existencia un poco inusual y la segunda es porque fue absolutamente intencional, porque quería que la Historia, con H mayúscula, viniera un poco con ella desde su nacimiento, en su apellidos.

"Y el hecho de que ella y su familia eran inmigrantes la hace que tenga una carga nostálgica, aunque con mucho optimismo hacia el futuro, pese a su lectura del pasado precisa y que busca por muchos medios tratar de olvidar desde que le sugieran ver películas como Eterno resplandor de una mente sin recuerdos a que asista a terapias".

Y el trabajo mental que implicó, señala, proviene del que en muchos aspectos y con base en el padecimiento de la protagonista se puede tener una obra casi hecha.

“La literatura de alguna manera es la recopilación de la memoria de todo el mundo. La novela empieza realmente cuando la protagonista acude al doctor y él le dice: Ponte a escribir para entender qué es importante y qué no.

"Cuando decido que Ana iba a tener hipertimesia, en sí ya tenía una justificación de la voz de Ana, para que ella pudiera narrar sus memorias por una razón. Porque, ¿quién lo hace, quién se sienta a escribir sus historias? Y es a partir de esta tarea que nace la novela".

La hipertimesia es una de las coincidencias que se le puso en la mira a la autora, desde una canción en la radio que dice cosas que se identifican con el escucha y hasta la idea de escribir algo sobre el olvido, “y es como si tuviera un rompecabezas. Escribir una novela donde los recuerdos son tal cual.

"Se podría decir que vamos creciendo con Ana porque cuando empieza la novela ella tiene 30 años, y ella nos va a llevar a sus aventuras y van cambiando y se mete en unos mundos después que no te imaginas, aparece un detective privado, la mafia rusa, y se enamora una vez y otra no, son muchas cosas con el recuerdo preciso, como si tuviera una grabadora con cada momento".

Sobre la narración fluida comenta que esta proviene de su dedicación a la literatura juvenil en la que mejor ha encontrado su voz, “porque un compañero de profesión me comentaba que escribiera sobre lo que conoces, y es que por primera vez tuve una voz que yo entendía mucho mejor y que se acomodó a mis intenciones estéticas.

"Es intencional el escribir así, fluido, directo, y el hacerlo para jóvenes me ayudó mucho, pero ahora atrapar a un tipo de lectores más adultos también. Y porque ya es como mi estilo esa forma de narrar. Yo también como los adolescentes me aburría de escribir a veces en tonos más serios, por lo que quería ir al grano, pero de manera divertida".

Aguilera García señala que también hay reflexiones metidas entre el punto y el punto, como las canciones, muchas del brit pop que le gusta escuchar:

"Me gusta este ritmo que tienen las canciones, muy acorde con la música, como Pulp, la que canta Fidel Castro en el primer capítulo. Una canción te dice en una frase muchas cosas. En un verso te canta una historia y ya sabes quién es el personaje. Esto porque escucho muchas bandas inglesas", concluye la autora.

ISRAEL MORALES