13 de mayo de 2013 / 01:06 p.m.

 Cada vez que Los Ángeles exhala, un conjunto de artilugios instalados en lasmontañas cercanas rastrean las bocanadas invisibles de dióxido de carbono, metano y otros gases de efecto invernadero que se elevan al cielo.

Al otro lado del mundo, aparatos similares montados en la Torre Eiffel y otras partes de París toman el pulso a las emisiones de chimeneas fabriles y automóviles. Y se pretende equipar a Sao Paulo con sensores que detecten los residuos de la quema de combustibles fósiles.

Todo ello es parte de un proyecto en ciernes para medir la huella de carbono de las megaurbes,ciudades con más de 10 millones de habitantes que son crecientemente responsables del calentamiento global.

Por años, el dióxido de carbono y otros contaminantes de efecto invernadero han sido monitoreados por estaciones terrestres y en el espacio. La semana pasada, los niveles mundiales de CO2 llegaron a 400 partes por millones en una estación de Hawái que sirve como punto de referencia, una concentración no vista en millones de años.

Ahora, algunos científicos voltean a las grandes ciudades —Los Ángeles y París serán conejillos de Indias— y pretenden observar las emisiones a la atmósfera como un primer paso hacia la verificación independiente del cumplimiento o no de las metas climáticas locales.

En el último año, un sensor de alta tecnología montado en un contenedor reformado ha vigilado Los Ángeles desde el Monte Wilson, un pico de la sierra de San Gabriel que es hogar de un famoso observatorio y de torres de telecomunicaciones.

Como un satélite que observa la Tierra, el sensor revisa más de dos decenas de puntos, desde el desierto hasta la costa. Cada cierta cantidad de minutos, barre automáticamente el horizonte para medir la luz del sol que se refleja de la superficie para medir el dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero.

En un almacén contiguo, instrumentos de grado comercial que miden la calidad del aire se emplean como detectores climáticos. Y en Pasadena, un telescopio solar antiguo ubicado en el techo de un laboratorio del Instituto de Tecnología de California captura la luz solar y la envía unos 20 metros (60 pies) abajo, donde un instrumento similar a un prisma separa las moléculas de CO2.

Hace seis años, funcionarios electos prometieron reducir las emisiones de gases contaminantes a 35% debajo de los niveles de 1990 para 2030 mediante una migración hacia el uso de energías renovables y reduciendo la dependencia de la ciudad en plantas termoeléctricas foráneas, implementando medidas ecológicas en puertos marítimos y aéreos, y mejorando el equipamiento de los edificios de gobierno.

El gerente de proyecto Riley Duren, del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, dijo que se necesitarán varios años de medición para saber si Los Ángeles se encamina a su meta.

Los científicos esperan reforzar sus mediciones en tierra con satélites especializados que serán lanzados próximamente. El experimento aún no se extiende a China, por mucho el principal emisor de dióxido de carbono. Pero es un inicio, dicen los expertos.

AP