29 de marzo de 2013 / 02:21 p.m.

 La primera terminal aérea ecológica del mundo entró en completo funcionamiento esta semana en las islas Galápagos, de Ecuador, lugar considerado Patrimonio Natural de la Humanidad, informó Ecogal, la empresa que administra el aeropuerto.

La terminal entró en funcionamiento parcial en diciembre, cuando susacabados aún no estaban concluidos porque faltaba traer material del aeropuerto antiguo que iban a reciclar.

Ecogal informó que la nueva terminal se extiende sobre 6 mil metros cuadrados y que invirtieron alrededor de 24 millones de dólares.

En el nuevo complejo se da prioridad al uso de energía solar, la reutilización del agua y el aprovechamiento de los vientos, entre otras innovaciones ambientales.

Según Ecogal, en la construcción del aeropuerto se tomó en cuenta el entorno ambiental y se buscó un bajo impacto sobre el ecosistema.

En diciembre, el argentino Ezequiel Barrenechea, presidente de Ecogal y director para Latinoamérica y el Caribe de Corporación América, dijo que se trata del “primero y único, por ahora, realmente ecológico y con certificado Leed Gold”, sistema de certificación del Consejo de la Construcción Verde de Estados Unidos.

Decidieron construirlo en Galápagos, a unos mil kilómetros de las costas de Ecuador, "“porque es el mejor lugar para dar el ejemplo de que se puede y se debe construir en forma sustentable. Es Patrimonio Natural de la Humanidad e icono en cuanto a cuidado de la naturaleza”", comentó Barrenechea.

Según los constructores, la edificación sustentable apunta a lograr una mayor calidad ambiental con una mínima dependencia energética, apoyándose en la implementación de estrategias bioclimáticas de acondicionamiento natural y el uso de energías renovables.

Por ejemplo, la nueva terminal, de uso solo diurno, cuenta con colores claros en determinadas paredes en búsqueda de luminosidad, así como grandes ventanales para permitir el ingreso de luz natural.

En los pocos espacios donde la brisa natural no es posible, se usan conductos de aire enterrado, con ventilación forzada.

El nuevo edificio está ubicado en dirección de los vientos predominantes para aprovechar “al máximo” la brisa del lugar, que permite bajar la temperatura promedio sin uso del aire acondicionado.

El aeropuerto está en la isla Baltra, que no dispone de fuentes de agua dulce y donde el agua de lluvia es limitada.

Una planta de desalinización suministrará el agua para la terminal, donde se la usará en lavabos y se reciclará para inodoros.

Además, 13 por ciento de la demanda de energía de la instalación se cubre con celdas fotovoltaicas, además de que pretenden elevar pronto ese indicador a 25 por ciento de la electricidad.

EFE