3 de mayo de 2013 / 01:57 p.m.

Por primera vez en la historia de la Iglesia, dos papas conviven desde hoy en el Vaticano, tras el regreso, dos meses después de renunciar al pontificado, de Benedicto XVI, que vivirá a escasos metros de Francisco, aunque “oculto para el mundo”, según dijo cuando abandonó el Trono de Pedro.

Joseph Ratzinger, de 86 años, que vivía desde el 28 de febrero —cuando renunció al papado— en el palacio pontificio de Castel Gandolfo, a una treintena de kilómetros al sur de Roma, fue recibido personalmente por Francisco a las puertas del monasterio Mater Ecclesiae, que se alza en los jardines vaticanos y que será su residencia definitiva.

“El papa Francisco le ha dado la bienvenida con gran y fraterna cordialidad. Después, juntos, se dirigieron a la capilla del monasterio para rezar”, precisó el Vaticano en un comunicado.

Benedicto XVI “ahora está feliz por volver al Vaticano, donde pretende, como él mismo dijo el 11 de febrero —día en que anunció que renunciaría el 28 de ese mes—, dedicarse al servicio de la Iglesia, sobre todo con la plegaria”, precisó el portavoz, Federico Lombardi.

Ratzinger también prometió, cuando se despidió de los cardenales, “respeto incondicional y obediencia al nuevo papa”, por lo que todos los observadores vaticanos, conociendo su personalidad y discreción, aseguran que no habrá “interferencias”.

El papa Ratzinger se encuentra bien de salud, no tiene ningún problema específico, solo los achaques típicos de la edad, según precisó recientemente Lombardi, saliendo al paso de las informaciones que aseguraban que se encuentra enfermo.

Cuando recibió el 23 de marzo a Francisco en Castel Gandolfo, se le vio moverse con cierta dificultad apoyándose en un bastón, con la voz más débil y más delgado que antes.

“El papa emérito es un anciano, debilitado por la edad, pero no tiene ninguna enfermedad”, precisó Lombardi.

Benedicto XVI regresó al Vaticano en helicóptero, el mismo medio en el que lo abandonó el 28 de febrero cuando puso fin a casi ocho años de pontificado. En aquella ocasión partió a las cinco de la tarde, la misma hora a la que llegó ayer al Vaticano después de dos meses de vivir en Castel Gandolfo.

En el helipuerto fue recibido por el decano del Colegio Cardenalicio, Angelo Sodano; el secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone, y el presidente del Governatorato (gobernador de pequeño estado), el purpurado Giuseppe Bertello.

También lo acogieron el Sustituto de la Secretaría de Estado (número 3 del Vaticano), el arzobispo Angelo Becciu; el subsecretario de Asuntos Exteriores, el arzobispo Dominique Mamberti; y el secretario del Governatorato, el arzobispo Giuseppe Sciacca.

SEGUNDO ENCUENTRORatzinger se trasladó desde el helipuerto en coche hasta el monasterio cercano que será su nueva casa, donde lo esperaba Francisco; es la segunda vez que se han visto personalmente desde que el argentino Jorge Mario Bergoglio fue elegido papa el 13 de marzo, pues viajó el 23 de marzo a Castel Gandolfo para saludar a su antecesor y almorzar con él.

No obstante, en estos dos meses de papado, Francisco y Benedicto XVI han hablado en numerosas ocasiones por teléfono.

Ratzinger ha vuelto al Vaticano una vez concluidas las obras de restauración que se han efectuado en el monasterio de clausura —construido hace 20 años por deseo de Juan Pablo II—, de cuatro plantas (él se alojará en la primera), que albergó a lo largo de los años a monjas clarisas, carmelitas descalzas, benedictinas y Hermanas de la Visitación.

Benedicto XVI se traslada al monasterio con toda su “familia pontificia”, como llaman a su secretario privado, el arzobispo Georg Ganswein; las cuatro laicas consagradas de la comunidad Memores Domini y un diácono.

En el monasterio ya está dispuesta una habitación para cuando venga a verlo su hermano Georg, también sacerdote, de 89 años, que vive en Alemania.

El Mater Ecclesiae se encuentra a pocos metros de la residencia de Santa Marta, donde se aloja el papa Francisco, por lo que, según fuentes vaticanas, no se descarta que mantengan “frecuentes y discretos contactos”.

A los dos papas les gusta pasear por los jardines vaticanos y rezar en la capilla que se levanta en la copia de la Gruta de Lourdes construida en los jardines. Para llegar hasta el lugar desde la residencia de Santa Marta hay que pasar por el monasterio donde se alojará Benedicto XVI.

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Manda tuit a desempleados

El papa Francisco ayer volvió a expresar su preocupación por las personas que están sin trabajo y condenó la “mentalidad egoísta” de aquellos que buscan el beneficio “a toda costa”.

Bergoglio así lo manifestó en su cuenta @pontifex, en la red social Twitter, en la que escribió: “Pienso mucho en quienes están sin empleo, frecuentemente a causa de una mentalidad egoísta, que busca el beneficio a toda costa”.

Hace dos días, al celebrar el Día Internacional de los Trabajadores, Francisco denunció durante la audiencia pública que “la concepción economicista de la sociedad busca el beneficio egoísta más allá de los parámetros de la justicia social”, y recalcó que la consecuencia de esto es el gran número de desempleados.

El pontífice argentino invitó a los gobernantes a esforzarse “para crear puestos de trabajo y crear esperanzas en los trabajadores”, y a preocuparse por la dignidad de las personas.

(EFE/Ciudad del Vaticano)