1 de mayo de 2013 / 04:35 p.m.

La Conferencia del Episcopado Mexicano en su mensaje del Día del Trabajo afirmó que no hay trabajo lícito que no sea digno, pero esto se olvida y se hace del ser humano un simple instrumento de producción y de consumo, degradándolo y explotándolo. Y se pronunció por un trabajo justo y remunerado.

Por eso, consideró resultan laudables los esfuerzos que se realiza en la defensa de los derechos humanos y laborales. Pero, advierte que todavía queda mucho por hacer.

Y señala que la Doctrina Social recuerda a los patrones y empresarios su compromiso de generar riqueza, siempre de manera lícita, así como la responsabilidad que tienen de procurar que el trabajo se haga en condiciones de respeto, seguridad e higiene; de ofrecer a los trabajadores una adecuada capacitación, de pagar una digna y justa remuneración, especialmente a las mujeres madres de familia y a los empleados con capacidades distintas; y hace hincapié en su responsabilidad frente a la sociedad.

  A los trabajadores y trabajadoras les hace ver que les corresponde realizarse y contribuir al bien de su empresa y de la sociedad, haciendo bien su trabajo, con responsabilidad, espíritu de servicio y calidad, observando las normas de seguridad e higiene, poniendo de su parte para que el ambiente de trabajo sea favorable a todos, capacitándose adecuadamente y procurando administrar responsablemente su tiempo laboral, los instrumentos de trabajo y su propio salario.

A los sindicatos, que son un derecho de los trabajadores y trabajadoras, les recuerda que constituyen un elemento indispensable en la vida social en la búsqueda solidaria de la justicia, pero no en la lucha contra los demás.

Estas orientaciones nos dan luces para que cada uno, según el ámbito de su competencia, pueda “aterrizarlas” en actitudes muy concretas. El trabajo es una dimensión fundamental del ser humano. Por eso todos debemos esforzarnos para que a nadie falte un trabajo digno y justamente valorado y remunerado.

Eugenia Jiménez