5 de junio de 2014 / 06:36 p.m.

Durante las semanas previas a la gran cita del fútbol, Brasil ha sido sacudido por contantes protestas contra el gasto público en el evento de la FIFA.

 

Las protestas, una avalancha de huelgas y la violencia urbana suponen un desafío para el plan de seguridad que Brasil ha elaborado de cara al Mundial 2014, que movilizará a 157.000 policías y soldados de las tres fuerzas armadas.

Durante las semanas previas a la gran cita del fútbol, Brasil ha sido sacudido por contantes protestas contra el gasto público en el evento de la FIFA y un sinfín de huelgas, convocadas por diversos sindicatos que aprovechan la cercanía del Mundial para presionar por mejoras salariales.

Las protestas contra el Mundial no han alcanzado hasta ahora la dimensión multitudinaria de las manifestaciones ocurridas en junio de 2013 durante la Copa Confederaciones, pero aún así preocupan al Gobierno, según admitieron el ministro de Justicia, José Eduardo Cardozo, y otras autoridades.

"Nuestra sensación es que las manifestaciones serán menores, pero estamos preparados para todo", indicó Cardozo en una reciente rueda de prensa, en la que presentó el plan de seguridad para el Mundial.

El ministro reconoció que, de cara a la Copa Confederaciones, las protestas "no estaban en las previsiones" del Gobierno, pero hizo hincapié en que el año pasado las manifestaciones no afectaron el torneo y que "ningún partido se aplazó ni se atrasó".

También aseguró que, desde entonces, los cuerpos policiales han sido entrenados para evitar los "abusos" en la represión que hubo el año pasado, que fueron condenados por organismos de derechos humanos nacionales y extranjeros.

"No se pueden aceptar abusos ni violencia, sea de manifestantes o de policías", declaró Cardozo, quien remarcó, como todo el Gobierno, que la protesta "será permitida, siempre que sea pacífica".

Más allá de las manifestaciones, las constantes huelgas, sobre todo del transporte publico, son otro foco de tensión.

En las últimas semanas ha habido huelgas de transporte en Río de Janeiro, Salvador y Sao Paulo, entre otras de las sedes del Mundial, que se sumieron en un caos que pudiera repetirse durante el evento si los sindicatos vuelven a convocarlas en medio de la cita del fútbol.

Otro sindicato que amenaza con paralizarse durante el Mundial es el de la Policía Federal, responsable por aduanas y aeropuertos y de fiscalizar el ingreso de extranjeros al país, entre otros asuntos.

Un tercer desafío para la seguridad de las 32 selecciones y de los 600.000 extranjeros que son esperados en Brasil para el Mundial es la creciente inseguridad en el llamado "país del fútbol".

Un reciente informe elaborado sobre datos oficiales indicó que en 2012 se registraron en Brasil 56.337 homicidios, lo que supuso un récord y un aumento del 13,4 % desde el año 2002.

La estadística, elaborada por el coordinador del Área de Estudios de la Violencia de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), Julio Jacobo Waiselfisz, dice que 6,4 personas mueren cada hora en Brasil en forma violenta.

A fin de mantener el orden durante el mes que durará el Mundial, que comienza el 12 de junio y concluye el 13 de julio próximo, las autoridades de seguridad tendrán un gran centro de coordinación en Brasilia, que estará en comunicación "permanente" con unos similares instalados en las otras once ciudades sedes del Mundial.

El Gobierno informó de que ha invertido 1.900 millones de reales (863 millones de dólares) en materia de seguridad para el Mundial, lo cual incluyó la compra de armas de "baja letalidad", cámaras de alta definición y equipos de inteligencia, entre otros.

Asimismo, las autoridades estarán en guardia frente a los hinchas violentos que pudieran llegar del exterior y tendrán una vigilancia particular para los "barras bravas" argentinos y los "hooligans" ingleses, que son los que más preocupan.

"Hay intercambio de información con otros países", que enviarán listas de sospechosos que "tendrán un seguimiento especial" y a los que se les podría negar el ingreso al país, alertó Cardozo.

No obstante, el mayor temor es que se repitan las protestas que el año pasado marcaron a fuego la Copa Confederaciones.

Lo admitió el ministro de la Secretaría de la Presidencia, Gilberto Carvalho, quien como otras autoridades apeló a la pasión que el fútbol despierta entre los brasileños para intentar aplacar el descontento.

"Que se manifiesten, pero que no le creen problemas al país en un momento tan sagrado, en el que los ojos del mundo estarán puestos en Brasil", declaró.

AGENCIAS