17 de agosto de 2013 / 04:14 p.m.

México • Durante la primera infancia hay quienes solo pueden conciliar el sueño después de beber su biberón. Para los hijos de Leonora Carrington —Pablo y Gabriel—, la leche adquiría forma de cuentos y de figuras, creados para propiciar el descanso, los cuales plasmó la artista en una libreta que desapareció durante dos décadas.

En ese tiempo estuvo en manos de Alejandro Jodorowski, uno de los amigos más cercanos de Carrington en una época, quien no se deshizo de esa libreta durante esos 20 años, al grado de recordar que lo acompañaba a todos los viajes que realizaba.

Dice Gabriel Weisz Carrington: “Mi recuerdo de esa libreta es de cuando tenía como cinco o seis años, hacia los años cincuenta. Mi madre, supongo, se la entregó a Alejandro para que la guardara un tiempo; luego me lo encontré en una conferencia que daba en París y se le ocurrió que sería bueno regresarme esa libreta. En México se quedó un buen tiempo en el cajón, hasta que decidimos que sería importante que otros también pudieran aprovechar los cuentos.”

Así es como surge el libro Leche del sueño (FCE, 2013), aparecido en dos versiones: uno en forma de libro infantil y una edición facsimilar, en la que se reflejan los relatos y las imágenes tal como las había dejado la artista.

“Aquí el grado de intimidad era menos importante que el tratar que otros pudieran divertirse con los relatos. A la intimidad hay que dejarla a un lado cuando se trata de literatura que deben conocer los demás; aparte de que es muy divertida, tiene un lado muy humorístico y muy ágil”, explica Weisz en entrevista con MILENIO.

Una de las características de la libreta es que en ella se reflejan algunas de las figuras que poblaron el imaginario personal de Carrington, cuyo atractivo radica en que hasta nos permite observar su caligrafía. “Pocas veces se observa un documento de tan primera instancia”, asegura el hijo de la artista, quien dice que los editores tuvieron la inteligencia de entretejer su valor como testimonio de una épocay como elemento narrativo.

“Cuando volví a ver la libreta empecé a recordar momentos de las historias, sobre todo desde el punto de vista visual. Son relatos muy distintos; es como la vida de personajes que uno va encontrando en el camino: niños o niñas que tienen existencias muy particulares que hay que volver a conocer, son seres que se parecen a alguien que tal vez conocimos y que al final solo viven aquí adentro. Son tesoros del imaginario.”

Al final, destaca Weisz, la creadora recordaba la libreta como parte de un acto cotidiano. De alguna manera, para la familia era algo que no existía; aunque ahora, en su forma de libro, permite acercarse a sus seres fantásticos, pero también a la magia y a la poesía que convivieron en la imaginación de Leonora Carrington.

JESÚS ALEJO SANTIAGO