15 de mayo de 2014 / 03:45 p.m.

Uno de los 'divertimentos' más comunes entre los incondicionales del Miniestadi es hacer quinielas sobre los jóvenes futbolistas del filial que son carne del primer equipo. La expresión "ese jugador llegará al Camp Nou" sigue siendo un clásico entre los pocos aficionados que siguen asistiendo a los partidos del Barcelona B.

Aquel polivalente jugador del filial en la temporada 1998-99 Carles Puyol Saforcada (La Pobla de Segur, Lleida, 1978) no era ni mucho menos el talento más destacado de un equipo en el que jugaban perlas de 'La Masía' como Gabri, Luis García o el mismísimo Xavi Hernández.

Pocos podían imaginar que ese zaguero, que empezó jugando de extremo y pasó por el centro del campo antes de instalarse en la defensa, que contaba con un físico envidiable y una técnica discreta sería, quince años después, el jugador que más partidos ha defendido la zamarra azulgrana por detrás de su compañero Xavi Hernández.

Puyol tampoco tenía el beneplácito de la dirección deportiva. De hecho, en verano de 1999 el entonces secretario técnico Llorenç Serra Ferrer había firmado un acuerdo de cesión con el Málaga, recién ascendido a la Primera División.

Pero el técnico holandés Louis Van Gaal, el mismo que le haría debutar en Valladolid la noche del 2 de octubre de ese mismo año, frenó la operación a última hora.

Van Gaal le dio la oportunidad y Puyol, a base de esfuerzo y sacrificio como ha demostrado hasta hoy, la aprovechó. Ya fuera de lateral derecho o de central su figura empezó a despuntar en los primeros latidos del siglo XXI, coincidiendo con el adiós del presidente José Luis Nuñez y la llegada de Joan Gaspart, en una de las etapas más oscuras de la historia contemporánea del club azulgrana.

A falta de títulos, Puyol era el ejemplo en el césped de lo que el Barça quería pero no podía ser. Su figura se abonaba a la épica para levantar los aplausos de un Camp Nou acostumbrado entonces a vivir 'pañoladas históricas' casi cada fin de semana.

Los primeros capítulos de su leyenda empezaron a escribirse con el marcaje impecable a Luis Figo en su regreso al Camp Nou como jugador del Real Madrid o el gol que salvó con el escudo en un partido de Liga de Campeones ante el Lokomotiv de Moscú.

Con la llegada de Joan Laporta a la presidencia y de Frank Rijkaard a los banquillos, Puyol se consagró en la posición de central y se enfundó el brazalete de capitán.

Recogió el testigo de su amigo Luis Enrique Martínez al término de la temporada 2003-04 y en la siguiente levantó su primer título con el club de sus amores.

Esa Liga, la decimoséptima de la historia del club, fue el inicio de la década dorada del Barcelona. El año siguiente repetía título liguero y levantaba la Liga de Campeones en París ante el Arsenal (2-1), el primer triunfo continental del Barça después de Wembley 92.

Su primera lesión importante llegó en la temporada 2006-07. Se rompió el ligamento lateral externo de la rodilla, la misma articulación que en 2014 le ha obligado a dejar el fútbol.

Esa campaña y la siguiente el Barça se quedó en blanco. Era el ocaso del Barça de Rijkaard. La autocomplacencia reinaba en el vestuario y Pep Guardiola llegó para regenerar el equipo.

Con el entrenador de Santpedor, Puyol alcanzó su esplendor táctico, técnico y físico en la temporada del triplete. Jugó no solo de central, sino también de lateral, y con su experiencia -tenía 31 años- adiestró a un Gerard Piqué que empezaba a asentarse como central titular del mejor Barça de la historia.

Autor de uno de los goles de la mítica goleada en el Bernabeu (2-6), completó un partido impoluto en la final de la 'Champions' de Roma ante el Manchester United de Cristiano Ronaldo para convertirse en el primer capitán de la historia del Barça en levantar dos 'orejonas'.

En 2010 logró su cuarta Liga y el Mundial de Sudáfrica con la selección española. Su rendimiento empezó a torcerse la temporada siguiente, debido a los problemas físicos que le han acompañado en los últimos cuatro años, en los que tan solo ha jugado 57 partidos como titular en el campeonato doméstico.

Ya en el curso de la cuarta Liga de Campeones del club azulgrana solo disputó 27 encuentros a causa de las molestias en la rodilla que le obligaron someterse a una intervención quirúrgica.

Puyol será recordado aquel curso por ceder el brazalete de capitán a Eric Abidal -recién recuperado de una operación para extirparle un tumor en el hígado- quien levantó la copa de campeón de Europa en la final de Wembley que el Barça ganó de forma brillante ante el Manchester United (3-1).

En la 2011-2012, en la que levantó el Mundial de Clubes y la Copa del Rey, disputó un total de 40 partidos de titular. Fue el último año en el que las rodillas de Puyol aguantaron la exigencia de la competición.

El pasado curso, en el que renovó su contrato hasta el 2016, se le realizó una "limpieza articular de la rodilla derecha" que, unido a la extirpación de un quiste de Baker en junio, le dejó seis meses en el dique seco.

El pasado verano Gerardo 'Tata' Martino frenó el fichaje de un central para esperar la recuperación de Puyol. Pero en su última temporada de azulgrana el capitán solo ha podido jugar doce partidos.

A sus 36 años, Puyol parece que colgará definitivamente las botas. El sueño de emular a su gran ídolo Paolo Maldini y jugar al más alto nivel hasta los 40 años se desvanece. No obstante, siempre podrá recordar que es una leyenda del Barça a los incrédulos del Miniestadi que afirmaban que nunca pisaría el césped del Camp Nou.

AGENCIAS