27 de diciembre de 2014 / 07:56 p.m.

En el aspecto económico, ésta es una época dorada para el fútbol americano, con contratos de televisión nunca antes vistos y una popularidad creciente en Estados Unidos y otros países. Por si fuera poco, cuando comenzó este año, la NFL parecía haber zanjado el conflicto legal sobre las conmociones cerebrales, que amenazaba su reputación y sus arcas.

Así que 2014 debía haber sido un año en que la liga gozara de cabal salud y en que el comisionado Roger Goodell se dedicara casi exclusivamente al análisis de los pasos para seguir de plácemes, ¿cierto?

Falso. El arreglo por unos 1.000 millones que la NFL alcanzó en el caso de las conmociones cerebrales se ha enredado, y una jueza analiza si debe considerarlo válido. Y el 8 de septiembre, trascendió un video que abrió paso a la noticia del año dentro de la NFL. El puñetazo con el que Ray Rice derribó a su entonces prometida en un ascensor también hizo temblar la imagen pública de la liga.

Cuatro días después, Adrian Peterson, una de las figuras con más potencial comercial de la NFL, fue acusado formalmente de golpear a su hijo de cuatro años con una vara.

Era oficial: la NFL y Goodell estaban en medio de una crisis, y todavía no se realizaban los partidos de la segunda semana de la campaña.

El escándalo no giraba ahora en torno de los golpes a jugadores de un deporte rudo por naturaleza, sino a mujeres y niños. Y los autores eran nada menos que esos fortachones atletas.

"De muchas maneras, esto puede ser muy peligroso para algunas personas", señaló Ruth Glenn, directora general de la Coalición Nacional contra la Violencia Doméstica en Estados Unidos.

Desde luego, Rice no ha sido el primer deportista en enfrentar cargos por violencia doméstica. El propio Jim Brown, considerado uno de los mejores corredores de la historia y una leyenda de Cleveland, encaró su primera denuncia de este tipo en 1968, tres años después de su retiro. Se le ha exonerado en todos los casos.

Al momento en que estalló el escándalo de Rice había una docena de jugadores que habían sido arrestados por violencia doméstica y que sin embargo estaban en activo en la NFL, de acuerdo con una base de datos compilada por el diario USA Today. Ese archivo muestra además que, desde 2000, 80 jugadores distintos habían sido detenidos por estos casos.

Es un promedio de casi seis arrestos por año.

En julio, la NFL suspendió por dos partidos a Rice, arrestado cinco meses antes por golpear a Janay Palmer, quien es actualmente su esposa. El caso no pareció muy distinto a otros de violencia doméstica.

El video cambió todo. De dos partidos, la suspensión se amplió a tiempo indefinido. Los Ravens dieron de baja a su corredor, tres veces electo para el Pro Bowl. La Organización Nacional por las Mujeres exigió que Goodell renunciara.

"Respecto de la política de la liga (sobre violencia doméstica), ellos no actuaron bien en el momento en que esto surgió", dijo Glenn.

A medida que avanzó la temporada, la liga y los distintos equipos dieron pasos para enfrentar el problema. Difundieron anuncios por la televisión, lanzaron un programa educativo y adoptaron una política más severa, que sin embargo no cuenta con el visto bueno del sindicato de jugadores.

La nueva política contempla una suspensión por seis partidos sin goce de sueldo en casos que involucren agresión física o sexual, lesiones, violencia doméstica o abuso a menores. Contempla también que la liga contrate un abogado especial para realizar las investigaciones y definir el castigo inicial.

"Será un individuo altamente capacitado, con experiencia en justicia penal", prometió Goodell. "Esta persona supervisará nuestras investigaciones y decidirá las medidas disciplinarias para las infracciones a la nueva política"

Pero Goodell conserva la capacidad de manejar las apelaciones. El sindicato condena esas facultades, pues cuestiona los antecedentes del comisionado para resolver de manera adecuada los casos de violencia doméstica y otros temas, como el dopaje.

El sindicato impugnó desde el comienzo el nuevo castigo a Rice, quien tiene 27 años. Consideró que se le estaba sancionando dos veces por la misma falta, sólo debido al surgimiento del video.

"Asumo toda la responsabilidad por lo que hice, y lo único que puedo esperar y desear es una segunda oportunidad", dijo Rice en diciembre, durante una entrevista con la cadena NBC. "Si nunca vuelvo a jugar, seré sincero con ustedes, me adaptaré a la vida y me sacrificaré más para que mi esposa pueda tener un mejor futuro".

En noviembre, un juez de arbitraje revocó la suspensión de Rice, quien sin embargo no tiene ahora equipo para volver a la NFL. Sobre el asunto de Peterson, se rechazó en cambio la apelación contra el castigo que le impedirá jugar al menos hasta el año próximo.

Peterson fue multado con más de 4,1 millones de dólares por la liga —el salario perdido durante los seis encuentros de castigo, de acuerdo con la nueva política. Su posible reinserción a la liga se analizará el 15 de abril.

También aquí, el sindicato señaló que el castigo obedeció sólo al criterio de Goodell.

Por ahora, la liga ha resistido, al menos en el aspecto económico. Ningún patrocinador ha revocado contratos con la NFL, y los niveles de audiencia en la televisión siguen siendo espectaculares.

"Espero que ellos recuperen la credibilidad, pero esto llevará tiempo", opinó Michael Gordon, de Group Gordon, una firma neoyorquina de relaciones públicas, especializada en manejo de crisis. "Si no lo manejan bien, esto sí puede afectarlos eventualmente".

El posible regreso de Rice y de Peterson a los partidos sacaría a relucir otra vez el tema en 2015. Además, el ex director del FBI Robert Mueller presentará en los próximos meses un reporte sobre cuándo tuvo conocimiento la liga sobre el video del infame puñetazo.

También existe el riesgo de que surja algún nuevo video, con otro jugador. La nueva tecnología y el promedio de agresiones domésticas entre los jugadores de la NFL hacen casi seguro que ello ocurra en algún momento.

Y ésa será la verdadera prueba para Goodell

AP