15 de enero de 2013 / 02:23 a.m.

Con el aval del INAH, un grupo de investigadores trataron de buscar nuevos datos acerca del entierro de quien todavía se desconoce si fue la esposa del dignatario Pakal II o una gobernante.

 Ciudad de México • Nuevos estudios científicos, que incluyen el ADN mitocondrial, se realizan a los restos óseos de la Reina Roja de Palenque, figura emblemática de la cultura maya, para determinar con mayor precisión la fecha y los detalles de su entierro.

Con el aval del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), un grupo multidisciplinario de investigadores se enfoca en la realización de estos estudios en busca de nuevos datos acerca del entierro de quien todavía se desconoce si fue la esposa del dignatario Pakal II o una gobernante.

Se estima que la Reina Roja, personaje de Lakamha "Lugar de las grandes aguas", hoy conocido como Palenque, en Chiapas, falleció hace más de mil 300 años.

De acuerdo con un comunicado del instituto, las tumbas de la Reina Roja y de Pakal II son las más grandes y elaboradas, de las hasta ahora descubiertas en la antigua ciudad maya de Palenque, y han sido fechadas arqueológicamente "por similitudes de la cerámica hallada las ofrendas de ambas", entre 600 y 700 d.C.

El investigador Arturo Romano, quien en 1994 realizó los primeros exámenes de antropología física del esqueleto, el arqueólogo Luis Eduardo Ramos Cruz así como las doctoras María de Lourdes Muñoz Moreno y Javiera Cervini, del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), respectivamente, encabezan el proyecto.

Antes del retorno de los restos de la Reina Roja a Palenque, en junio de 2012, se obtuvo una muestra de colágeno de una vértebra superior para practicarle nuevos estudios, indicó la doctora Lourdes Muñoz, coordinadora académica del Departamento de Genética y Biología Molecular del Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav), del IPN.

Detalló que "fue posible purificar ADN de los restos y los análisis se realizan en distintos laboratorios, porque debemos reproducir los resultados y evitar la contaminación del mismo; es necesario llevarlos a cabo en lugares donde no se efectúe simultáneamente secuenciación de ADN humano, de ahí las condiciones de aislamiento y esterilidad".

Por su parte, la experta en geoquímica ambiental del Departamento de Procesos y Tecnología de la UAM, Campus Cuajimalpa, Javiera Cervini, destacó el grado de preservación de las fibras de colágeno presentes en la vértebra y de las cuales se extrajo el ADN.

Subrayó que el cuerpo de la Reina Roja fue cubierto con sulfuro de mercurio, conocido como cinabrio, por lo cual adquirió la tonalidad roja y de ahí que se le nombrara de esa forma.

"Por al menos mil 300 años, este derivado del mercurio conformó estructuras estables que permitieron resguardar el material biológico, toda vez que evita el crecimiento de bacterias, logrando así proteger la información genética contenida en las células, lo cual se refleja por la presencia de las fibras de colágeno", indicó Cervini, quien agregó que hasta ahora no se tenían datos de la relación del cinabrio con la conservación de muestras antiguas.

La datación por carbono 14, la espectroscopía Raman y la microscopía de alta resolución, tanto de barrido como de transmisión, forman parte del proceso de análisis.

Con base en la epigrafía, explicó el arqueólogo Eduardo Ramos, la Reina Roja había sido vinculada a la señora Tzak-bu Ajaw, esposa de Pakal; la señora Kinuuw Mat, consorte de otro dignatario: Batz Chan Mat; y a Men Nik, esposa de Kinich Ahkal Mo´Nahb III, aunque estas dos últimas estarían descartadas por su presencia, en el siglo VIII, en la línea dinástica palencana.

A partir de estudios previos, a cargo de los doctores Arturo Romano, Vera Tiesler y Andrea Cucina; más otros de ADN, carbono 14 y de reconstrucción facial realizados a este personaje, las hipótesis se inclinan a Tzak-bu Ajaw, esposa de Pakal, madre de dos dignatarios de Palenque y abuela de su último gran gobernante maya.

Esos exámenes indicaron que la Reina Roja debió morir aproximadamente a los 60 años, aunque el antropólogo físico del INAH, Arturo Romano, consideró difícil que haya alcanzado esa edad por la osteoporosis que padeció y que inclusive redujo su neurocráneo (cubierta ósea que cubre el encéfalo).

Por ello, el grupo multidisciplinario continúa con la investigación en busca de nuevos datos acerca de esta emblemática figura.

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