JESÚS ALEJO SANTIAGO
23 de junio de 2013 / 05:23 p.m.

México • Casi en forma de leyenda urbana, suele contarse que en alguno de los cientos, tal vez miles, de viajes en taxi que realizara Carlos Monsiváis, lo intentaron asaltar, pero el conocedor delincuente lo reconoció y le ofreció mil perdones antes de invitarlo a descender del automóvil: "Usted disculpe, maestro".

Es un pasaje que sirve como ejemplo del impacto que tuvo el escritor, lo cual de alguna manera quedó patente en la respuesta de decenas, cientos de personas que desafiaron a la lluvia la tarde de ayer para evocar al cronista y acudir a las actividades del Homenaje a Carlos Monsiváis. A tres años sin límite de tiempo.

Fue una conmemoración que comenzó en la colonia Nueva Vallejo, al norte de la Ciudad de México, donde se encuentra una sala de lectura que lleva su nombre; después pasó por el Centro Cultural Universitario Tlatelolco y terminó en el Museo del Estanquillo, lugar en el que se dieron la mayor parte de las actividades —siete horas de duración— para recordarlo, entre ellas la mesa de reflexión "El futuro bajo la lupa de Monsiváis", en la que Rolando Cordera evocó las décadas de amistad que los unió.

El economista recordó su juventud: "Ya desde entonces, Carlos era el hombre de la cultura, de la agudeza, de la abrumadora capacidad de observación de la realidad, mientras yo era un joven estudiante aprendiz de revistero. Siempre fue un privilegio estar cerca de él, tratarlo, discutir con él y aprender mucho."

A tres años de su partida, destacó Cordera, se extraña su claridad intelectual y su gran cultura al servicio del análisis de la realidad, del análisis crítico: "Eso lo seguiremos extrañando, porque en ese sentido era único: podía conjuntar una gran perspectiva cultural e histórica con una visión crítica de los procesos fundamentales de la sociedad."

El periodista Javier Aranda Luna extrajo de la memoria una pregunta que se hizo Elena Poniatowska a la muerte de Monsiváis hace tres años: "¿Qué vamos a hacer sin ti, Monsi?", la cual no solo se refería al reclamo de la amistad perdida, "sino a ese telón de fondo que los historiadores a veces miran de reojo: las minorías que se rebelan contra la inercia del establishment, del así son las cosas… los eternos militantes de las causas perdidas".

"Cuando llevaron su cuerpo al Museo de la Ciudad de México y al Palacio de Bellas Artes para velarlo y rendirle homenaje, allí estaban esas minorías: las mujeres indígenas del movimiento zapatista, los viejos comunistas con quienes marchó muchas veces por las calles de esta ciudad, los homosexuales que reclaman su derecho a ejercer su sexualidad, las feministas que propugnan por el derecho al aborto o a la maternidad voluntaria…".

Aranda Luna aseguró Carlos Monsiváis no podía imaginar un futuro deseable sin esas minorías.

La visión de los jóvenes

Su palabra todo el tiempo. Durante el recorrido del Turibús de la Nueva Vallejo hacia el Centro Cultural Tlatelolco, el actor y periodista Juan Carlos Jiménez se dio a la tarea de amenizar el tráfico sabatino con escritos del cronista; en el espacio universitario, la cantante Cecilia Toussaint se encargó de una lectura de textos del cronista, mientras que en el Museo del Estanquillo, durante tres horas, diferentes mediadores del Programa Salas de Lectura leyeron fragmentos de la obra de Monsiváis.

Como parte del programa, Vicente Alfonso, Gabriel Valenzuela y José Mariano Leyva reflexionaron acerca de la vinculación entre Monsiváis y los jóvenes, bajo el reconocimiento de que en su obra se notaba "su impresionante flexibilidad para comprender y analizar los fenómenos sociales, sin importar qué tan juveniles pudieran parecer".

En la mesa se reconoció el humor y la ironía del cronista como fundamentales en su vida y en sus escritos, recurso que le servía para acercarse a los temas de la época, lo que vuelve perdurable una obra como la de Carlos Monsiváis.

 

LA VISIÓN DE LOS CARICATURISTAS

Hacer una caricatura de Carlos Monsiváis no pareciera ser algo tan complejo si se recuerda que en la revista Chanoc el escritor ya aparecía como “El Sabio Monsiváis”, pero también porque a lo largo de su vida se encargó dehacer una caricatura de la realidad mexicana a través de la palabra.

Quizá por lo anterior, los caricaturistas que se reunieron en el Museo del Estanquillo para intentar delinear una imagen del escritor prefirieron perderse en las anécdotas y en las conversaciones, aunque con el convencimiento, como lo dijo Rafael Barajas, El Fisgón, de que "Carlos sí era un personaje de historieta. En el sentido completo de la palabra. Es la única persona que conozco que tenía superpoderes: primero tenía una supermemoria, después una supervelocidad intelectual, luego una supercapacidad de trabajo y, además, era superchistoso".

En una de las primeras actividades del homenaje que se realizó en el recinto, el monero Hernández recordó que, cuando le preguntaron qué habíamos perdido con la partida de Monsiváis, "lo primero que pensé fue que habíamos perdido al mejor caricaturista de México, mucho mejor que cualquiera de nosotros".