20 de julio de 2013 / 11:04 p.m.

México • Francisco Villa, no fue tan sólo un sagaz bandido vengativo criminal, fue un líder popular revolucionario que acaudilló una causa justa, un dirigente político preocupado por las instituciones y de la mejor distribución de la riqueza nacional, dijo Rafael Hernández Ángeles, subdirector de Evaluación del Instituto de Estudios Históricos de las Revoluciones en México.

En la ceremonia conmemorativa del 90 aniversario luctuoso de Francisco Villa --cuyo verdadero nombre fue Doroteo Arango--, que se desarrolló este sábado en el Monumento a la Revolución, Hernández Ángeles destacó que Ley Agraria de Villa del 24 de mayo de 1915, es un ejemplo de su preocupación por resolver el problema agrario en México.

"Villa fue un hombre ilustre que supo plasmar con sus acciones y su entrega la demanda de la justicia social. Su figura encarnará para las futuras generaciones, los ideales de la Revolución mexicana. A noventa años de su aniversario luctuoso, es este momento una oportunidad de conocer la obra del general a través de las investigaciones de académicos serios que le han dedicado su vida entera al estudio de este gran personaje", dijo ante la presencia de Guadalupe Lozada León, coordinadora de patrimonio histórico, artístico y cultural de la Secretaría de Cultura.

Recordó que hace nueve décadas, en el año de 1923 fue el año en que una emboscada puso fin, en Parral, Chihuahua, a la vida de un hombre cuya fama y gloria como revolucionario ha traspasado la historia nacional y se ha insertado como un personaje sobresaliente de la historia universal del siglo XX.

"La historia de Villa ha sido y sigue siendo controvertida y polémica, de villanías y actos heroicos; de leyendas negras y blancas, pero con un punto en común: describe los hechos de uno de los forjadores de la nación mexicana contemporánea".

Rodeado de los descendiente del general Francisco Villa, así como de los integrantes de la agrupación de motociclistas que se autodenominan “Los Dorados; el funcionario indicó que contra lo que cuenta la leyenda cultivada por el mismo Villa, él fue un bandolero de poca monta de las serranías de Durando, hasta que en 1901 se trasladó al estado de Chihuahua donde se hizo de renombre como jefe de las escoltas que llevaban el oro y la plata de las minas de la sierra hasta las estaciones del ferrocarril, como formidable jinete y tirados de pistola y gallero profesional, de manera que cuando en 1910 se unió a la rebelión maderista era muy respetado en el estado.

"Una vez en la Revolución conquistó rápidamente una bien merecida fama de sagas y valerosos jefe guerrillero, convirtiéndose en uno de los revolucionarios de mayor renombre. En marzo de 1913 empezó con ocho compañeros la lucha contra el gobierno usurpador de Victoriano Huerta, y seis meses después estaba al frente de siete mil combatientes".

Su liderazgo y compromiso social con las causas populares lo llevaron a organizar uno de los cuerpos militares más sobresalientes durante la Revolución mexicana: la División del Norte, que era la representación de la larga lucha de los campesinos por el acceso a la tierra, por acabar con la tiranía de los poderosos y por alcanzar la justicia social.

En esta ceremonia luctuosa, en la que participaron el Coro de la Ciudad de México, bajo la dirección del maestro José de Jesús Villa; la Banda Sinfónica de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal; se depositó un arreglo floral y se hizo una guardia.

LETICIA SÁNCHEZ