30 de agosto de 2013 / 02:47 p.m.

México • Francisco sabe con certeza lo que hizo el domingo 9 de marzo de 1969. Ese día corrió, corrió mucho. Lo que se había prometido como una tarde de rock excepcional, con la participación de los Union Gap, los Byrds —que era a los que quería escuchar—, Los Hermanos Castro y Leo Acosta, se convirtió en una carrera para protegerse de proyectiles que cruzaban el cielo.

El concierto se celebró en el estadio de la Ciudad de los Deportes, donde la constante fue la desorganización. Ante la escasa protección policiaca, la gente se brincó la barda para pasar al nivel de cancha (los boletos más caros). La sonorización era pésima, así que mientras los Byrds tocaban la gente comenzó a protestar porque tenía que adivinar qué estaban cantando, primero con gritos y luego rompiendo las sillas de madera que se habían colocado. Cuando la gente supo que los Union Gap se negaban a salir —con toda razón—, una lluvia de palos comenzó a cruzar el estadio de lado a lado. Entonces, Francisco, adolescente que estaba por terminar la primaria, corrió y corrió para guarecerse de tan singular tormenta.

Este recuerdo brotó la tarde del miércoles pasado, durante la inauguración de la exposición El rock en México: 1955-2010, en el Museo Objeto del Objeto (Modo). En una de las vitrinas del pequeño museo se muestra uno de los boletos para aquel concierto: un papelillo rosado que acredita haber pagado 10 pesos por lo que fue un fraude.

La exposición que incluye objetos, documentos, imágenes, instrumentos, equipos, narraciones historias y materiales en audio y video, aborda “la trayectoria de este género musical como parte fundamental en la historia cultural de nuestro país”, dijeron sus organizadores en conferencia de prensa.

Bruno Newman, fundador del Modo, quien hace ya algunas décadas fuera presidente del Club de Admiradores de Paul Anka, mencionó que “los objetos de la muestra nos hablan de artistas, intérpretes, grupos, conciertos, eventos y otras cuestiones, pero también de los cambios sociales ocurridos a lo largo de estos años. Es innegable pensar que todos tenemos en nuestras vidas algún recuerdo que haya estado acompañado por este maravilloso y singular género musical”.

Paulina Newman, directora del Modo, mencionó que durante la preparación de la muestra, en una charla con Jaime Almeida recordaron que “el rock ha sido la banda sonora de muchos de los procesos más importantes en nuestro país en los últimos años. Por eso nosotros hacemos un homenaje a todas las personas que se volcaron hacia el rock para decir algo”.

La curadora Graciela Kasep afirmó que El rock en México: 1955-2010 pretende sensibilizar a los visitantes “desde el punto de vista totalmente emotivo y apelar a su memoria y a sus experiencias. La muestra abarca muchas generaciones, por lo que los visitantes en algún punto se sentirán identificados, tendrán un recuerdo específico y se volverán cómplices de ella. Este recuento nos habla de cómo el rock ha acompañado los diversos procesos sociales y culturales importantes de nuestro país”.

Para la curadora, la muestra permitirá que las generaciones más jóvenes entiendan que “la manera en la que se produce, se crea y se consume la música hoy día es algo relativamente nuevo. Ha sido una batalla, una lucha de distintas generaciones de músicos y de gente relacionada con el rock para llegar al punto en el que estamos en el presente. Como toda revisión resulta parcial, sabemos que es tan grande la información sobre la historia del rock que es imposible congregar todo en una muestra”.

Invitado de honor a la inauguración, el cantante César Costa, uno de sus primeros protagonistas, afirmó que “el rock no ha pasado de moda, porque a partir de que apareció en México, permitió a la juventud expresarse a través de la música que forma parte de la cultura de su país”.

De la prehistoria a la actualidad

La muestra se presenta en seis núcleos temáticos: “La llegada de un ritmo nuevo”, “Hacia la Onda Chicana”, “Antes y después de Avándaro”, “Hacia otra década: finales de los setenta, principios de los ochenta”, “Nuevos proyectos sociales y roqueros 1986–1996” y “Efervescencia musical hacia el fin del milenio”.

Entre los instrumentos que se exhiben figura un bajo del grupo Los Sinners, una flauta de Jorge Reyes, un sintetizador de Carlos Alvarado y el grupo Chac Mool, el guitarrón de Quique Rangel y una guitarra de Tito de Molotov.

Entre las vestimentas se puede ver un suéter de César Costa, los sacos de Los Rebeldes del Rock y Los Locos del Ritmo, un par de tenis con espuelas de Botellita de Jerez, un chaleco del grupo Fobia y un sombrero de Carlos Santana. Además de carteles de diversas épocas, se exhibe un gafete utilizado por el staff en el Festival de Avándaro, volantes del Bar 9, el Tutti Frutti, Rockotitlán, el LUUC y otros, así como boletos originales de diversas épocas. Fotografías, revistas, recortes de prensa y otros documentos nos hablan de conciertos, fiestas y tardeadas, escenas en los cafés cantantes, los hoyos fonqui, las peñas y los conciertos masivos. También hay discos originales, carteles de películas que abordan el rock, mobiliario de diversas épocas y muchos recuerdos.

 — XAVIER QUIRARTE