8 de enero de 2013 / 01:59 p.m.

Linares, Monterrey  Con varios miles de piezas en su resguardo, la Colección de Paleontología de la Facultad Ciencias de la Tierra de la UANL se encuentra en plena etapa de contabilidad.

El investigador Javier Aguilar Pérez recibió la encomienda hace unos meses, y por ahora la misión luce difícil.

Sólo en lo que respecta a la cantidad de corales, la Colección resguarda una variedad de 500 piezas. También están los fósiles de peces marinos, moluscos, microfósiles pero sobre todo los impactantes restos del pliosaurio bautizado como El Monstruo de Aramberri.

“Esto aquí es casi incuantificable”, describe el responsable de la colección.

Creada en 1983, la Facultad empezó a hacerse de acervos paleontológicas gracias a donaciones que han hecho coleccionistas y universidades. Durante todo este tiempo contó con el apoyo del profesor Guadalupe López Oliva, quien en los últimos años se encargó de nutrir el actual acervo.

Si bien la mayoría de las piezas ya están determinadas por especie y género, la colección necesita saber cuántas piezas tiene exactamente.

“Actualmente estamos haciendo un inventario a profundidad para saber cuántas piezas son las que tenemos. Te digo que de sólo de corales contamos con 500 especies. Tenemos varios miles de piezas fósiles”, indica el especialista.

Piezas para el estudio

La mayoría de las piezas con las que cuenta esta colección son producto de los convenios que se han establecido desde el comienzo con universidades alemanas.

Los diferentes fósiles sirven para que los alumnos de las diversas carreras practiquen y las estudien.

De ahí han surgido investigaciones que se presentan en congresos nacionales, como sucedió en septiembre con los hallazgos realizados en China, Nuevo León.

“También llevamos unas piezas encontradas en China, Nuevo León, estratos con ostras –parientes de los corales– que nos da detalles muy importantes. Es un proyecto que está en estudio actualmente por parte de dos alumnos de la escuela”, expresa Aguilar Pérez.

Principalmente las piezas sirven para el estudio, pero también han formado parte de exposiciones. En opinión del coordinador del espacio, es importante difundir el acervo a la comunidad para que conozcan lo que la UANL protege.

“El material se ha expuesto, si bien este material ya está determinado cada que alguien se inicia en esto de la paleontología hay que decirles en dónde están las piezas, quizás las necesiten para alguna investigación y no saben que los tenemos nosotros”, expuso el investigador.

Joyas fósiles

Entre los especímenes que ahí se resguardan están los famosos peces de Vallecillo, Nuevo León, los cuales son reconocidos por aportar especies nuevas, además de su asombroso estado de conservación.

Tal es el caso de las piezas que protege esta colección, en donde es posible admirar las aletas y escamas de dos peces prehistóricos conservados en una laja de piedra.

“Los vemos así porque el terreno donde se conservaron existió una ausencia de oxígeno importante y permitió que se fosilizaran incluso partes blandas como escamas o aletas”, precisa.

También destaca el fósil de un gasterópodo –una especie de caracol marino prehistórico– que mide casi un metro pero pesa más de 40 kilogramos, por lo que resulta difícil moverlo sólo con la mano.

Cosa contraria sucede con la réplica de un colmillo de mastodonte, que a pesar de medir poco más de un metro pesa sólo algunos kilos.

“Ésta es una réplica, si fuera el colmillo original pesaría más de 40 kilos”, apunta.

Con la reciente llegada del pliosaurio Monstruo de Aramberri como visitante distinguido, el 2013 traerá a la Colección Paleontológica un inventario exacto para las miles de piezas fósiles del acervo.

— GUSTAVO MENDOZA LEMUS