6 de marzo de 2013 / 05:00 p.m.

 Los regalos que forjaron las primeras relaciones diplomáticas entre la corte inglesa y la zarista en el siglo XVI vuelven a reunirse en Londres en una exposición que recorre la historia de las relaciones entre ambos países.

"Tesoros de la corte real: Tudores, Estuardos y los zares rusos", presentada hoy, exhibe a partir del sábado en el museo Victoria y Alberto 150 joyas, armaduras, armas de fuego y prendas, que sirvieron para agasajar a los mandatarios de uno y otro país y conseguir importantes acuerdos.

Las relaciones diplomáticas entre ambos países comenzaron en 1555 cuando, tras la muerte de Enrique VIII -de la dinastía de los Tudor-, se creó la "Compañía Moscovita", una organización inglesa que monopolizó el comercio entre ambos países hasta 1698.

Para garantizar las buenas relaciones económicas en Rusia, los inversores presentaron regalos al zar que servían para predisponer al buen humor de los encargados de hacer negocios, una práctica habitual que la exposición recorre hasta el final del reinado de Carlos II de Inglaterra en 1685.

En la muestra pueden verse retratos de las principales figuras de la época, entre monarcas, diplomáticos, ricos mercaderes y cortesanos que rara vez son expuestos, como es el caso de un retrato de la reina Isabel I de Inglaterra, uno de los principales reclamos.

Junto a ella se exhiben también 20 piezas de plata británica y francesa entregadas a los zares Iván IV y Alejandro I que se conservaban en la Armería del Kremlin, después de que el resto de piezas acuñadas fueran fundidas para financiar la Guerra Civil Inglesa (1642-1645).

Además de negocios, los obsequios también tenían como objetivo favorecer las relaciones políticas, como las perseguidas por el zar Iván IV, que pidió al comerciante de la Compañía Moscovita Anthony Jenkinson que investigara las posibilidades de matrimonio con Isabel I, sin resultados.

De esta reina era frecuente recibir regalos textiles, como capas ricas en bordados destinadas a los hombres que eran muy apreciadas por la soberana, y de la que puede verse un ejemplo en la muestra.

Otros detalles podían ser pequeños retratos, guantes e incluso una colonia de pelícanos, un regalo histórico del embajador ruso en Londres al rey Carlos II en 1662, que los emplazó en St James Park, donde hoy continúan chapoteando sus descendientes frente al Palacio de Buckingham.

El recibimiento a los embajadores era un gran espectáculo en las cortes de la época, como recoge una de las pinturas de la exposición, que retrata la llegada del embajador español ante el rey inglés Carlos II.

Las buenas relaciones entre ambos estados se malograron tras la ejecución del rey Carlos I en 1649, que supuso el fin de la monarquía inglesa hasta el regreso de su hijo, Carlos II, al trono en 1660, momento en que la diplomacia entre Rusia e Inglaterra vuelve a iniciarse.

La exposición, que permanecerá abierta hasta el 14 de julio, coincide con el 400 aniversario de la dinastía rusa de los Romanov y forma parte de un programa de intercambios entre los museos Victoria y Alberto y la Armería del Kremlin, en Moscú.

EFE