13 de octubre de 2014 / 07:25 p.m.

Era un 2 de septiembre del 2011, manejábamos en el estado de Texas por la carretera 35N rumbo a Dallas. Partidos amistosos de Tigres y Rayados nos esperaban.

Al pasar por Waco, Texas es imposible  no distraerse con el campus de Baylor, los edificios construidos con anaranjados ladrillos, sus altas torres y verdes campos adornan un tramo de esta aburrida carretera.

En un camino regularmente tan solitario, era fácil darse cuenta que algo extraordinario sucedía esa noche en Waco, los alrededores del campus  y algunas calles eran invadidas por jerseys color verde. Fue hasta detenernos  en un pequeño supermercado cuando descubrimos que a  unos cuantos kilómetros de nosotros los Golden Bears estaban cerca de vencer a TCU quien había terminado invicto la temporada pasada. Recuerdo que antes de reincorporarnos a la carretera un joven encervezado posaba orgullosamente frente a nuestra camioneta señalando en su pecho el número diez. Esa noche una estrella estaba por nacer y el mundo tenían que saberlo.

Algunas horas después llegamos a nuestro hotel cerca de Frisco, Texas, al activarse la conexión WI-FI del lobby las alertas comenzaron a llegar. Un chico de nombre Robert Griffin III había sorprendido al mundo deportivo venciendo al bien rankeado TCU. Esa noche el QB lanzó, corrió y hasta pases atrapó. Al encender la televisión Griffin III era dueño de ESPN y Fox Sports, ambas cadenas ya lo apodaban RG3, lo postulaban para el trofeo Heisman y lo proyectaban para ser seleccionado número uno en el próximo draft.

La historia de Robert Griffin III es el ejemplo perfecto de cómo el sistema americano produce a sus estrellas, en una sola noche este chico pasó a ser estrella nacional. Fue tomado en la segunda selección global del draft 2012 por Washington, premiado con el trofeo Heisman dándole por primera vez en su historia este premio a la universidad de Baylor, produjo millones de dólares en venta de souvenirs durante el Alamo Bowl y para su segunda temporada en la NFL su jersey de los Pieles Rojas con el número diez fue el más vendido de la NFL.

Las ligas, universidades, equipos y medios de comunicación necesitamos figuras. Un principio muy básico que en México hemos olvidado. Entrenadores, directivos y comunicadores hemos colaborado para tener una liga sin estrellas. En Monterrey tenemos  claros ejemplos de lo mencionado:

Alan Pulido: Contrario a lo que sucede en las ligas americanas, Tigres y parte de los medios han insistido en devaluar al delantero. Teniendo los números y la popularidad a su favor  el Tuca Ferreti insistía en dejar al canterano en la banca por debajo de extranjeros con poca calidad (Edno Cunha y Luis García). En varias ocasiones  el club manifestó aspectos negativos del muchacho, llamándolo inmaduro, poco profesional y defendiendo la falta de oportunidad. Es absurdo que los mismos directivos y entrenador pidan a los medios de comunicación no elevar el status de su jugador, por el contrario nos piden por favor:

"No hablen tan bien de Alan, me lo van a chiflar"

"Pulido es un jugador B, uno más del equipo. Le faltan varios años para llegar a ser un jugador A+"

Es decir, nos están pidiendo que no promovamos a su producto, que no creemos una estrella. Por lo contrario que no le demos tanta importancia a su jugador por que corre el riesgo de convertirse en una estrella.

Ahora entiendo porque nuestra liga no tiene figuras, porque la baja asistencia a los estadios y los penosos raitings.

Jorge Espericueta: El "Esperi" resaltó como uno de los mejores del mundial sub 17 en nuestro país, en poco tiempo la prensa internacional lo catalogaba como el futuro de la selección mexicana y evidentemente la afición de Tigres  lo veía como el nuevo Walter Gaitán, hasta que el entorno comenzó a oscurecer una nueva estrella. En poco tiempo Tigres lo borró de la cancha, el proceso de Espericueta ha sido de los más lentos en su generación a pesar de que lucía como el más adelantado. Como una reacción provocada por el equipo los canales de televisión colaboramos en devaluar al chamaco:

"Que se cree Espericueta ya vieron la camioneta último modelo que compró. Este chamaco está perdiendo piso".

"Resulta que Espericueta le está pidiendo una casa al club. Quien se cree para merecerlo si ni ha jugado un juego en primera".

El resultado es lógico en este caso cuando semejantes monstruos se juntan para opacar una nueva figura; de tener al futuro jugador franquicia de los Tigres, el nuevo diez de la selección mexicana, un imán de taquilla y vendedor de playeras, hoy contamos con un joven lleno de inseguridad perdido en el continente europeo.

En otras dos comparaciones, incómodas, que exhiben a los involucrados; Raúl Jiménez es de la misma generación que Alan Pulido, con la diferencia que el americanista contó con el impulso de su entrenador, directiva y televisora. El resultado está a la vista de todos, mientras que Pulido congela su carrera para demandar su libertad, Jiménez fue contratado por el campeón de la liga española.

"Ponchito" González compañero generacional de Jonathan Espericueta recibió la importancia merecida desde hace algunas temporadas, a diferencia de Ricardo Ferreti con el "Esperi", Tomás Boy le entregó el equipo al "Ponchito". Hoy González es titular con su equipo, uno de los mediocampistas más técnicos y nuevo seleccionado mexicano, mientras que el canterano de Tigres aun ni debuta en la primera división.

Es común escuchar colegas que demandan copiar métodos exitosos en desarrollo físico, táctico y humano, pero poco se habla de qué métodos tomar para fabricar estrellas  y hacer nuestros productos más atractivos. No toda la tarea para producir figuras está en las fuerzas básicas como muchos medios lo hacen ver. Si bien el trabajo de las canteras debe mejorar mucho en nuestro país, también está en los entrenadores, directivos y medios catapultar el poco talento que nos surten.

No dejo de pensar que hubiera sido de Robert Griffin III bajo los manejos del futbol mexicano.

ALDO FARÍAS | @AldoFariasGzz | aldo.farias@multimedios.com